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Me llamo Daneska Fals, vivo en venezuela, valencia, tengo 13 años, signo leo, cumplo en 8 de el 8 (agosto) soy muy loca y rara segun mis amigos (ojo no soy anti-social sino lo contrario) pues yo prefiero leer a ver tv, dormir en ves de salir y cosas así que no van dentro de lo comun! XD.. adoro pasar tiempo con mis amigos y familiares. estar en la compu, leer y escribir, me fascina sobremanera cuando me llega una rafaga de inspiracion (mucha de ella basada en Edward o Jake XD..) gracias por visitarme y estar un rato en mi loka compañia! =)
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sábado, 2 de octubre de 2010

Los Reyes Cullen

 Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Dayan Hale.

 


Capítulo 14.

Alice se despertó a la mañana siguiente y lo primero que vio al abrir los ojos, fueron los ojos azules más hermosos que ella había visto. Sonrió completamente feliz y los labios de Jasper capturaron los suyos en un beso ferviente y cariñoso.

- Buenos días mi amor – Jasper le dijo a Alice y ella casi llora de la emoción

- Buenos días – respondió ella mientras recargaba su cabeza en el pecho de él. – Que noche más maravillosa.

Jasper besó su cabeza y no pudo evitar estar de acuerdo. Esa noche Jasper y Alice se habían entregado por fin el uno al otro. Se habían entregado al amor.

- Me tengo que ir – le dijo Jasper a Alice besándola en la frente.

- No, no te vayas – Alice apretó aún más su abrazo – eres mío, no te dejo.

Jasper rió exultante y besó a su princesa en los labios.

- Tengo que irme ¿qué pensará Bella si va a mi habitación y ve que no pasé la noche ahí? ¿y si nos descubre aquí, así?

- No le importará – insistió Alice y Jasper rió.

- Te prometo que subiré pronto – Jasper la besó nuevamente y se paró de la cama.

Mientras él se vestía, Alice suspiró de dicha hoy era una mujer, una verdadera mujer completamente enamorada. Miró a Jasper mientras él se vestía y se maravilló de que ese hombre, alto, fuerte, guapo y encantador fuera suyo.

Jasper terminó de vestirse y volteó a ver a su prometida, estaba cubierta por una sábana y sus ojos brillaban más que de costumbre. Ella le abrió los brazos y él fue a abrazarla. Ahora ya no podía estar sin ella, no quería imaginar su vida sin ella. Besó sus labios una docena de veces más antes de que pudiera salir de su habitación.

Al llegar a su habitación se tiró en la cama y se quedó contemplando el techo con una sonrisa radiante en su rostro. Ahora era otra persona, ahora podía mirar al pasado y darse cuenta de que había sido una persona fría, indiferente y hasta un punto cruel. Mientras esos recuerdos venían a su memoria, Jasper se dio cuenta de que Alice era lo mejor que le pudo haber pasado en esta vida, ella le había enseñado que tenía un corazón y que hay cosas más importantes que el poder, y esa lección quedaría grabada a fuego en su corazón.

Rosalie se levantó por la mañana sin querer salir de su cama, se sentía mareada, tenía náuseas y le dolía la cabeza. Pero a pesar de ello, se sintió la mujer más afortunada del mundo pues llevaba en su seno un bebé, un hijo que había sido concebido gracias al amor que Emmett sentía por ella y ella por él.

- Buenos días su alteza – llegó su sirvienta tocando la puerta suavemente - ¿se le ofrece algo?

- No, retírate y ven más tarde – Rosalie le respondió acurrucándose nuevamente en la cama.

- Sí, su alteza – la chica cerró la puerta y se fue.

Como las náuseas no se le pasaban, salió de la cama, se puso una bata y salió a su pequeño balcón. Quizá el aire fresco le sentara mejor, se quedó ahí parada, mirando como los rayos de sol iluminaban poco a poco los campos.

Las náuseas fueron desapareciendo poco a poco hasta que al fin se esfumaron. Rosalie siguió con la mirada perdida en el horizonte. Unos fuertes brazos la abrazaron por detrás y dos manos quedaron apretadas suavemente sobre su vientre.

Rosalie se recargó por completo en el cuerpo que estaba tras ella y Emmett besó su cuello dulcemente.

- Las vistas desde aquí son hermosas – Rosalie comentó mientras Emmett seguía besando su cuello hasta llegar a sus mejillas.

- La mía es aún mejor – respondió él mirándola a los ojos y ella lo besó. - ¿cómo te sientes?

- Mejor, pero las náuseas matutinas son simplemente terribles – Rosalie respondió.

Emmett y Rosalie se quedaron abrazados largo rato mirando por el balcón, ella acariciaba los brazos que la rodeaban mientras Emmett aspiraba el dulce olor de sus cabellos.

Esos últimos días Emmett había notado el cambio en Rosalie, su vientre aún seguía plano, pero sus ojos brillaban más que de costumbre y su piel tenía un ligero brillo propio de una mujer embarazada. Y más que nada, Emmett notaba la alegría en Rosalie, la ternura, y el amor.

Pero a pesar de que le encantaba verla tan feliz había algo que a Emmett le preocupaba, nada tenía que ver con Tanya y su amenaza, era un miedo aún mayor. Era el miedo a perder a Rosalie, el miedo de que ella muriera en el parto. Su dicha de saber que dentro de algunos meses sería padre lo abrumaba y estaba muy emocionado. Pero no podía dejar de pensar que Rosalie podría morir en los trabajos de parto. Y eso simplemente acabaría con él.

- ¿por qué te quedaste tan pensativo? – Rosalie se volteó en el círculo de los brazos y acarició sus mejillas.

- No es nada – mintió él besándola pasionalmente con la esperanza de que ella olvidara su preocupación.

- Emmett dime que te pasa – Rosalie insistió. – tienes algo y no me lo puedes ocultar, dime por favor.

- Quiero que sepas antes que nada que me siento el hombre más feliz del mundo por saber que dentro de ti está creciendo un hijo, nuestro hijo – él comenzó a decir – pero me he puesto a pensar y me…me aterra pensar en que puedo perderte en el parto.

Rosalie miró dentro de los profundos ojos grises de Emmett y suavemente llevó la cabeza de él hacia la de ella y lo besó con todo el amor que sentía por él.

- Yo te prometo…no…te juro que no me perderás, ni a mí, ni a nuestro hijo – Rosalie le dijo fervientemente – Emmett soy una mujer fuerte y estoy segura de que todo saldrá bien.

- Claro que estarás bien – Emmett la abrazó – yo no dejaré que nada te pase – Rosalie se separó de él e hizo que la mirara a los ojos.

- No te preocupes ¿de acuerdo? – ella volteó nuevamente hacia el balcón – mira el reino Emmett, el reino del que nuestro hijo será rey.

Y ambos se quedaron nuevamente abrazados por un largo y delicioso momento. Gozando un futuro, que aún era incierto.

Mientras tanto, una joven sirvienta recogía la habitación de uno de los príncipes. Bella estaba en la habitación de Emmett haciendo la cama y recogiendo la ropa tirada en el suelo. Al trabajar, evitaba pensar en otras cosas, más específicamente, evitaba pensar en el príncipe Edward.

Fue a la habitación del príncipe Jasper, él estaba acostado en la cama (que Bella no pasó por alto que no había sido ocupada esa noche) con los brazos cruzados detrás de la nuca y una brillante sonrisa en sus labios.

- Buenos días alteza – saludó Bella

- Buenos días Bella – respondió él sonriéndole.

- Se le ve muy feliz esta mañana – comentó Bella mientras recogía la ropa tirada en el suelo.

- Lo estoy, Bella, lo estoy – asintió el príncipe.

- Me da gusto – Bella dijo y comenzó a recoger la habitación.

Durante los diez años que había servido en el palacio, jamás había envidiado a nadie, pero en ese momento no pudo evitar envidiar a Alice, ella era una princesa que afortunadamente había sido comprometida con un hombre que la amaba. Sólo en ese breve instante, Bella deseó poder pertenecer a la realeza, porque así podría casarse con el hombre que amaba.

Pero sus ilusiones se rompieron en mil pedazos, pues su amado príncipe estaba enamorado de otra princesa, una princesa que en esos mismos momentos, planeaba matarlo. Con este recuerdo Bella se apuró para ir a la habitación del príncipe Edward. Él ya no estaba y Bella no encontró ni rastro de la botella de vino que Rosalie le daría con el veneno.

Alzó la jarra con la esperanza de ver una nota.

Amar sin ser correspondido debe de ser fatal ¿no lo crees? Dar todo por la persona que amas y no ser correspondido…no sé como expresarlo con las palabras correctas. E

Bella cerró la nota, incapaz de contener las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos. Si el príncipe supiera que ella y él padecían del mismo problema. Ella moría por él y él creía en un amor que simplemente no existía.

Tomó la pluma y la tinta del escritorio del príncipe y contestó la nota, dejándola debajo de la jarra. Y como ya se le había hecho costumbre, mientras hacía la cama rememoraba esos momentos en los que ella había sido la mujer entre los brazos de Edward. Esos momentos en lo que ella había sido amada por él.

Mientras tanto, Edward estaba con su padre en el campo de entrenamiento. Ambos estaban practicando con la espada, pero Edward no estaba en sus cinco sentidos, cosa que su padre no pasó por alto.

- Si fuera una batalla ya estarías muerto – Carlisle dijo clavando su espada en el pasto. - ¿qué te ocurre?

- No sé, últimamente he estado pensando muchas cosas – respondió Edward haciendo lo mismo que su padre.

- ¿Bella otra vez?

Edward rió y asintió.

- Es que ella me hizo darme cuenta de que ya no conozco a mis hermanos – Edward le comentó a su padre – me enfoqué tanto en mis estudios, en ser buen príncipe, un buen heredero, que descuidé mi relación con mis hermanos. Antes solía hacer todo con Emmett, siempre estábamos juntos…ahora ya no me dirige la palabra – terminó Edward triste.

- ¿Y qué piensas hacer al respecto?

- No lo sé, quiero volver a contar con Emmett, quiero volver a esos días en que nos guardábamos las espaldas el uno al otro, quiero tenerlo a mi lado como lo estuvo cuando éramos niños – le respondió Edward.

Carlisle sonrió y abrazó a su hijo.

- Eso es lo que estaba esperando de ti hijo mío, que tú mismo abrieras los ojos y te dieras cuenta que ser un buen rey no es lo más importante – Carlisle le dijo – lo mejor que puede hacer un rey, es mantener buenas relaciones con todo mundo y estoy muy orgulloso de ti

- Gracias papá

- En cuanto a Emmett, yo hablaré con él, estoy seguro que podré hacerlo entrar en razón.

- Eso espero papá, yo lo único que quiero es decirle que lo lamento y que quiero que volvamos a estar unidos.

Después de hablar con su padre, Edward fue a su habitación. Un baño caliente ya lo esperaba así que se metió a la tina y cerró los ojos. Al salir de la bañera se vistió y fue hasta su cama. Alzó la jarra y vio la contestación de Bella.

Amar sin ser correspondido es el peor de los infiernos, pero no importa si la persona que amas es feliz, sólo con esa seguridad puedes soportar el infierno con más facilidad. B

Esta respuesta dejó a Edward sin palabras, esa respuesta sólo podría venir de una persona que está viviendo en esa situación. Bella entró a la habitación en ese preciso momento.

- Buenos días…Edward

- Buenos días Bella

Bella vio que el príncipe estaba leyendo su respuesta y respiró profundamente, no iba a dejar que el príncipe sospechara de sus sentimientos hacia él.

- ¿así que crees que si la persona que amas es feliz, vale la pena sufrir?

- Lo que yo pienso es que si yo amara a una persona y esa persona fuera feliz con otra, yo sería feliz porque aquel a quien amo lo es – replicó Bella.

- Muy altruista ¿no lo crees?

- ¿Qué…qué harías tú si te enteraras que Rosalie ama…a otra persona? – le preguntó Bella temerosamente – sólo imagínatelo.

- No lo sé, me destrozaría – respondió Edward tras unos segundos de reflexión – pero probablemente haría lo que tú, no me gustaría que ella estuviera conmigo si no me amara.

Bella se quedó callada, se preguntó si debería decirle la verdad o no. Tocaron la puerta y eso la hizo decidir, se fue a su habitación.

Edward vio como Bella regresaba a su habitación y la puerta de su habitación se abrió.

- Buenos días – Rosalie se asomó con una sonrisa en los labios.

- Buenos días Rose – Ella se acercó y lo besó. Pero por alguna extraña razón, Edward ya no sintió lo mismo que antes.

- ¿Qué tienes?

- Nada, solo pensaba – respondió Edward.

- Pues ya no pienses tanto – le dijo Rosalie riendo y lo volvió a besar.

Emmett estaba caminando por los jardines cuando vio a Tanya sentada en una banca con su madre.

- Emmett cariño – lo llamó su madre. "no por favor" pensó Emmett

- Buenos días – saludó a ambas mujeres.

- Hijo, yo me preguntaba si tú y Tanya han hablado del compromiso – Esme comenzó a decir

Emmett miró a Tanya y ella lo veía a él con suficiencia. Ella creía que ya había ganado, pero él y Rosalie aún tenían una carta que jugar.

- No madre – respondió él

- Pues deberían hacerlo, es más, me voy y los dejo platicar – Esme se levantó de su lugar y se fue.

Emmett esperó hasta que su madre se hubiera alejado lo suficiente como para que no los escuchara.

- ¿Ya decidieron que van a hacer? – Tanya preguntó.

- Sí, voy a aceptar el compromiso – Emmett dijo y Tanya sonrió – pero…no lo firmaré hasta que vea que tú no vas a decir nada

- Como tú decidas príncipe, al fin y al cabo, es el honor de Rosalie lo que está en juego, no el mío – Tanya dijo con malas intenciones y besó a Emmett en los labios – te veo después.

Emmett vio como Tanya se alejaba de ahí.

- Aún no ganas la guerra Tanya – murmuró y regresó a su habitación poco después.


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¡Hoola a todos! ¿Qué tal el capítulo? algo tarde, pero espero que les haya gustado...Y la verdad que esta intenso =) que pasara con bells???

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