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DaneFals97♥
Me llamo Daneska Fals, vivo en venezuela, valencia, tengo 13 años, signo leo, cumplo en 8 de el 8 (agosto) soy muy loca y rara segun mis amigos (ojo no soy anti-social sino lo contrario) pues yo prefiero leer a ver tv, dormir en ves de salir y cosas así que no van dentro de lo comun! XD.. adoro pasar tiempo con mis amigos y familiares. estar en la compu, leer y escribir, me fascina sobremanera cuando me llega una rafaga de inspiracion (mucha de ella basada en Edward o Jake XD..) gracias por visitarme y estar un rato en mi loka compañia! =)
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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Los Reyes Cullen

 Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Dayan Hale.
 



Capítulo 13.

Rosalie y Emmett se separaron rápidamente y miraron a Tanya. Ella estaba ahí recargada en la puerta y los veía con malicia.

- ¿No qué no eras amante de Emmett, Rosalie? – Tanya entró con una cara de triunfo – Te dije que iba a descubrir quién era tu amante Emmett, y lo hice.

Ninguno de los dos sabía qué hacer o qué decir. Rosalie tomó la mano de Emmett y la apretó con fuerza.

- ¿Y qué harás Tanya? – Emmett preguntó.

- Haré que firmes el compromiso – respondió Tanya.

- Jamás – replicó Emmett firmemente.

- Entonces estás firmando su sentencia de muerte – Tanya dijo con despreocupación sentándose en la cama – o al menos la de ella, porque como sabes príncipe Emmett, esto es traición.

Los dos se quedaron callados, lo que decía Tanya era bien cierto, y no sólo eso si se enteraban que Rosalie estaba embarazada sin haberse casado, el problema sería peor.

- Piensa en su bien Emmett, si tanto dices amar a Rosalie acepta el compromiso, mientras más pronto mejor – Tanya le dijo a Emmett.

- ¿Por qué lo dices? – Rosalie le preguntó molesta.

- Porque también sé que estás embarazada Rosalie

Esa sí no se la esperaban. Tanya estaba que no cabía en sí del gozo, había ganado la batalla y la guerra. Emmett se casaría con ella, no importaba que él no la amara, le había demostrado a Rosalie que cuando quería una cosa, la conseguía.

- Piénsalo Rosalie, mientras más pronto Emmett acepte el compromiso, más pronto te casarás con Edward y así podrás decir que el hijo que esperas es de él y no de Emmett, así aseguras la vida de los tres.

Rosalie se quedó pensando en las palabras que Tanya le decía, todo era muy cierto. Y por más que odiaba admitirlo, Tanya tenía razón. Se tocó involuntariamente el vientre, jamás, jamás pondría en peligro la vida de su bebé. Haría todo lo que fuera para que naciera. Aunque eso implicara separarse por completo de Emmett.

Emmett por su lado también pensaba en las cosas que Tanya había dicho y él tampoco dejaría que Rosalie y el bebé murieran, no lo permitiría. Primero él daría su vida.

- Los dejo para que lo piensen y lo discutan juntos – Tanya se paró y caminó hasta la puerta – buenas noches.

Nada más salió Tanya y Emmett y Rosalie se abrazaron fuertemente. Ella comenzó a llorar y él le besó el cabello intentando tranquilizarla.

- Tienes que aceptar Emmett – Rosalie lo miró con sus ojos llenos de lágrimas. – sólo así el bebé estará bien.

- ¿Pero qué hay de nosotros? Rose, yo te amo – Emmett secó las lágrimas de las pestañas de Rosalie.

- Y yo a ti, pero no nos queda opción – Rosalie le respondió.

- Claro que la hay – le dijo Emmett.

Y justo en ese momento, Bella iba a entrar a la habitación pero se quedó escuchando lo que Emmett y Rosalie decían.

- El otro día fui al pueblo disfrazado y me dieron esto – Emmett dijo sacando un pequeño frasco.

- ¿Qué es eso?

- Un veneno muy poderoso – respondió Emmett – y tú se lo darás a Edward.

Bella se tapó la boca para sofocar un grito. No podía ser cierto.

- ¿Cómo? – preguntó Rosalie.

- Ponlo en una botella de vino y déjasela a Edward en su mesa de noche – Emmett le respondió a Rosalie.

- Bien, lo haré – Bella oyó como se besaban – te amo.

- Te amo.

La puerta se abrió y Rosalie salió de ahí. Bella cerró la otra puerta silenciosamente y regresó a su habitación, las lágrimas corrían por sus mejillas pues no podía creer lo que acababa de oír.

Rosalie y Emmett intentarían matar a Edward y Bella debía hacer lo que estuviera a su mano para evitarlo, no importaba el precio, si ella debía tomar el vino para que Edward le creyera, lo haría.

Pero mientras todas estas intrigas eran planeadas, Jasper estaba en su habitación acostado en la cama con los brazos cruzados detrás de su nuca. Miraba el techo con gesto ausente y su mente volaba dispersa.

Toda su concentración se enfocaba en Alice, ya no podía dejar de pensar en ella, simplemente se había convertido en su mundo, su todo, ya no podía permanecer lejos de ella. No tenía la voluntad para estar lejos.

El poder, la riqueza, ya nada de eso importaba. Su corazón palpitaba fuertemente, sentía que su pecho no podría contenerlo. Quería reír, gritar, correr, saltar, gritar a los cuatro vientos que amaba a Alice.

"Díselo" una parte de su conciencia lo apuraba. Y por primera vez en mucho tiempo, siguió la orden que su corazón le dictaba.

Alice ya estaba a punto de acostarse cuando llamaron a su puerta.

- Adelante – dijo en voz alta mientras comenzaba a cepillarse su cabello.

- Hola – la voz de Jasper la hizo voltear completamente atónita. – perdón, sé que es muy tarde pero quería hablar contigo.

- Claro – respondió Alice.

- ¿Te importaría si saliéramos al jardín?

- No, por supuesto que no

Alice se puso una bata y ambos salieron silenciosos del castillo. Alice venía caminando del brazo de Jasper y se enfocaba en controlar su respiración y su agitado corazón. ¿A qué la sacaría Jasper tan tarde? No quería ni imaginárselo.

Jasper caminaba al lado de Alice pensando en como decirle lo que había decidido, pero las palabras simplemente se escapaban.

Llegaron a una pequeña banca y Alice se sentó con Jasper a su lado.

- Bueno ¿y de qué quieres hablar que me tienes que sacar del palacio? – Alice intentó que su voz sonara lo más relajada posible - ¿cometiste algún asesinato? ¿Robaste las joyas de mi madre? ¿te…?

Alice ya no pudo seguir porque los labios de Jasper habían silenciado los suyos con un suave beso que la dejó completamente pasmada. Alice cerró los ojos y correspondió al beso rodeando el cuello de Jasper con los dos brazos.

Jasper sentó a Alice en su regazo sin separar por un momento sus labios de los de ella. Acarició sus cabellos y disfrutó sintiendo las manos de su princesa recargadas en su pecho.

Cuando terminaron el beso, Jasper tomó las manos de Alice entre las suyas, miró sus dedos entrelazados y deseó que sus almas estuvieras siempre igual de entrelazadas.

- Te amo Alice, eso es lo que quería decirte – Jasper le dijo a la princesa.

Ella no podía con la sorpresa y bajó la cabeza. Jasper la acunó contra su pecho y le acarició el cabello mientras reposaba su mejilla contra la cabeza de ella.

- No sé como pude dudarlo ni un instante, esa mañana, el día que intenté alejarme de ti, tu padre me dijo que estaba enamorado de ti y yo no quería creerlo, no podía creerlo así que intenté convencerme de que no te amaba – Jasper le contó – pero ese día que te fui a buscar y te encontré con la flecha clavada, creí que mi mundo se acabaría, esos dos días que estuviste inconsciente fueron un infierno para mí, no, no quería imaginar mi vida sin ti – Jasper alzó la cara de Alice – porque tú eres la luz de mi vida, el motivo por el cual yo quiero seguir viviendo – los ojos de Alice se llenaron de lágrimas – tú eres mi todo Alice, tú me enseñaste a reír, a llorar, me enseñaste a sentir, a amar. Me enseñaste que lo más valioso que tenemos es el amor, no el poder ni las riquezas. Tú eres mi tesoro más preciado.

Alice no podía creer lo que Jasper le estaba diciendo y se echó a llorar en el hombro de él. Jasper se sorprendió por la reacción de su prometida, pero la mantuvo abrazada y la consoló por esos momentos.

- ¿Por qué lloras así Alice? – preguntó Jasper.

- Porque nadie jamás me había dicho unas palabras tan hermosas – ella respondió y él sonrió – y porque yo no merezco tu amor.

- ¿Por qué lo dices? ¿acaso tú asesinaste a alguien? – Jasper le dijo de broma.

- No, Jasper yo…yo…no tengo nada que ofrecerte – le dijo Alice desconsolada.

Jasper la abrazó aún más fuerte y la besó en la frente.

- ¿Me amas?

- Claro que te amo – le dijo ella mirándolo a los ojos.

- Entonces eso es lo más valioso que me puedes ofrecer: tu amor – Jasper besó sus labios suavemente – no puedo pedir nada más.

- Jasper hay algo que tengo que decirte y probablemente después de que te enteres ya no me amarás. – Jasper le puso un dedo en los labios.

- No habrá nada, nunca, que me haga dejar de amarte – Jasper le dijo seriamente – ahora dime lo que tengas que decirme.

- Yo…yo…yo ya no soy virgen Jasper – Ella le dijo muy avergonzada – perdí mi virginidad el día de la fiesta en el que las princesas españolas llegaron, yo bebí de más y…y no puedo recordar siquiera con quien me acosté.

Jasper no dijo nada y se sintió muy mal por la princesa, él sabía eso. Él había planeado esa mala experiencia por la que Alice pasó. Jasper hizo que ella lo mirara a los ojos.

- ¿no recuerdas nada, absolutamente nada? – le preguntó.

- No – mintió Alice.

- Alice, lo que sea que recuerdes, que nos pueda ayudar a descubrir quien fue, dilo – Jasper le pidió.

- Sólo…sólo recuerdo como…como besó…mi…mi cuello – respondió Alice entre sollozos.

El recuerdo llenó su cabeza, el hombre con el que se había acostado había besado su cuello con sólo sus labios, en línea recta hasta llegar a sus clavículas. Sólo eso podía recordar de aquella noche.

- ¿Cómo? – Jasper se inclinó sobre ella - ¿así?

Jasper comenzó a besar su cuello, exactamente como en su recuerdo.

- Yo fui el hombre con el que te acostaste esa noche Alice – Jasper la miró fijamente. – Al principio, deseaba romper mi compromiso contigo y entre Rosalie y yo ideamos el plan para que te emborracharas y te acostaras con cualquier tipo de la corte – Jasper le confesó a la princesa – pero, al verte esa noche, yo…yo no pude resistirme así que en vez de decirle a cualquier hombre de la corte que se acostara contigo, lo hice yo.

Alice no sabía si aliviarse o preocuparse por esa revelación. Estaba tan abrumada de sentimientos, palabras, confesiones, que en ese momento no podía pensar en nada. Jasper no dijo nada más y se quedó abrazándola todo el tiempo.

Cuando finalmente Alice se calmó, ella alzó su mirada para ver el rostro de Jasper. Le acarició la cara y él besó sus dedos cuando pasaron sobre sus labios.

- ¿Estás enojada conmigo?

- No, me siento mejor ahora que me dijiste la verdad – Alice respondió sinceramente - ¿en serio me amas?

Jasper la miró y se rió exultante.

- Claro que te amo, eres todo lo que me faltaba en esta vida – Jasper acarició sus mejillas – cuando montamos a caballo y cuando practicábamos con el arco tu alegría se volvía la mía, tu entusiasmo se volvía el mío, tu pasión por la vida, era la mía. Te amo mi pequeña y aventurera princesa.

Alice se acercó a los labios de Jasper y se besaron nuevamente.

- Yo también te amo Jasper – Alice lo abrazó y suspiró de dicha.

Cuando comenzó a enfriar ambos decidieron regresar al castillo. Caminaron de la mano hasta la habitación de ella. Una vez dentro, Alice abrazó a Jasper y lo atrajo hacia sí, besándolo y rodeando su cuello con los brazos.

- Alice…

- Bésame Jasper, bésame y hazme el amor como me lo hiciste aquella noche, sólo que ahora házmelo para que pueda recordarlo – Alice le pidió a su príncipe.

Y como siempre, Jasper hizo lo que su princesa le pedía.

Una vez que Bella se compuso de lo que acababa de oír, fue a la habitación de Jasper y la halló vacía. Bella se emocionó al pensar que él estaría con Alice, esperaría al día siguiente para subir a su habitación y preguntarle.

Fue a la habitación de Emmett, pero él ya estaba dormido. Y eso le agradó a Bella, pues no sabía cómo reaccionaría después de lo que acababa de oírle decir. Finalmente, respiró profundamente y fue hasta la habitación de Edward.

- Pasa Bella – oyó la voz del príncipe desde adentro, Bella abrió la puerta.

- Buenas Noches su alteza – saludó Bella.

- Para ti también – el príncipe estaba sentado leyendo, a Bella ya no se le hacía raro verlo leer, sabía que era una de sus pasiones.

- Se lo agradezco ¿se le ofrece algo su alteza? – preguntó Bella.

- Ahora que lo dices, sí, sí necesito algo – Edward le dijo cerrando su libro y poniéndose de pie.

- Dígame su alteza.

- Quiero que me llames por mi nombre, Edward.

Bella se sorprendió. Con Alice, había aceptado porque la pequeña princesa necesitaba una amiga y Bella se había convertido en eso. Pero con el príncipe Edward era otra historia. Ella simplemente no podría decirle así.

Edward le había dado varias vueltas al asunto, y recordó que cuando se acostaron, Bella había suspirado su nombre antes de sucumbir al sueño. Ahora recordaba con claridad ese momento y deseaba oír otra vez su nombre de los labios de ella. Quería oír sólo su nombre, no el título que lo acompañaba.

- Por favor Bella, creo que después de todo lo que hemos compartido – Edward comenzó y Bella lo miró con los ojos completamente abiertos – ya sabes, tus ideas, tus pensamientos, incluso los libros que hemos leído, creo que hemos llegado a ser amigos ¿no lo crees? Y si somos amigos, me gustaría que me llamaras Edward.

- Pero, su alteza yo

…- Edward la interrumpió.

- No eres simplemente una sirvienta Bella – él le dijo – para mí eres algo más y no quiero obligarte a que hagas lo que te estoy pidiendo, quiero que lo hagas porque deseas hacerlo.

Bella quería llorar, ¿su amigo? ¡su amigo! Por Dios, era el hombre por el que daría la vida. Ella lo miró a los ojos ¿se atrevería ella a llamarle Edward?

- Jamás me has obligado a hacer nada que yo no haya querido, Edward – Bella le dijo sinceramente – pero debes de comprender que para mí es difícil considerarte mi amigo, porque soy una sirvienta – Edward ya iba a protestarle pero ella lo detuvo – no intentes negar lo que es cierto, soy una simple sirvienta y los sirvientes no son amigos de la nobleza.

Bella se dio la vuelta porque ya las lágrimas iban a escaparse de sus ojos. "los príncipes no se enamoran de las sirvientas" pensó ella con amargura.

Edward pensó en lo que ella le había dicho "Jamás me has obligado a hacer nada que yo no haya querido" así que se había acostado con él, porque ella lo quiso también. "Los sirvientes no son amigos de la nobleza".

- Bella, tú eres más que una simple sirvienta – Edward le dijo antes de que ella entrara a su pequeña habitación – mucho más que eso – murmuró cuando ella ya no lo escuchaba.

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¡Hola chicas! ¿Qué tal el capítulo..?La verdad esta historia a mi me da mucha risa de los locos que son todos :)


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