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DaneFals97♥
Me llamo Daneska Fals, vivo en venezuela, valencia, tengo 13 años, signo leo, cumplo en 8 de el 8 (agosto) soy muy loca y rara segun mis amigos (ojo no soy anti-social sino lo contrario) pues yo prefiero leer a ver tv, dormir en ves de salir y cosas así que no van dentro de lo comun! XD.. adoro pasar tiempo con mis amigos y familiares. estar en la compu, leer y escribir, me fascina sobremanera cuando me llega una rafaga de inspiracion (mucha de ella basada en Edward o Jake XD..) gracias por visitarme y estar un rato en mi loka compañia! =)
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miércoles, 28 de julio de 2010

Los Reyes Cullen

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Dayan Hale.


Capítulo 7




Emmett de despertó por la mañana, la luz del sol entraba a raudales, se talló los ojos y se paró de la cama con un gruñido. Se vistió y salió de sus habitaciones, bajó las escaleras deseando hablar con su padre, pero antes de que este encuentro tuviera lugar, Emmett se encontró con su madre.



- Emmett cariño no sabes lo orgullosa que estoy de ti



- Gracias mamá, aunque no sé por qué – le dijo el príncipe besándola en la mejilla.



- Pues he de confesar que te vi ayer en la noche…con Tanya – su madre le dijo un tanto sonrojada



- ¿Anoche?



- Pues verás, es que anoche no podía dormir y pues me asomé por la ventana y los vi en los jardines besarse.



Así que ese era el asunto. Emmett se pasó una mano por el cabello y pensó en algo que pudiera decirle a su madre, en ese momento, Tanya se hizo presente. Siempre tan inoportuna.



- Buenos días – saludó la joven princesa



- Tanya, querida, justo estábamos hablando de lo que pasó entre ustedes anoche – Esme dijo.



Emmett hubiera matado a su mamá en ese momento sino fuera su mamá, se quería dar de topes con la pared y entonces miró los confundidos ojos de Tanya y luego la sonrisa que curvó sus labios.



- ¿Lo de anoche?



- Sí, los vi besarse en el jardín.



- Ah eso – dijo Tanya – cielos su majestad yo no quería…



- No te preocupes Tanya, me alegra que por fin simpaticen, de hecho creo que escribiré a tu madre, debemos ir planeando todo para el compromiso, y hablaré con tu padre también, ay hijo no sabes que gusto me da que hayas escogido a una princesa tan hermosa e inteligente.



La reina se fue de ahí y Emmett y Tanya se quedaron viendo fijamente. Emmett la miraba furioso.



- No me mires así Emmett, las cosas podrían ir peor – Tanya se acercó al príncipe – tu padre te podría casar con la princesa más fea del mundo y yo en cambio soy hermosa, inteligente y tú podrás ser rey de España algún día.



- No me interesa ser rey de España y no me interesas tú – respondió Emmett con acritud apartándose de ella.



- Tú piénsalo Emmett, a no ser que quieras que tu madre se entere que tienes una amante dentro del castillo – le amenazó Tanya – y averiguaré quien es Emmett, puedes apostar lo que quieras a que lo haré.



Emmett pegó a Tanya a la puerta y la dejó encerrada entre sus brazos.



- Escúchame bien Tanya, no te metas en asuntos que no te incumben, te puede ir muy mal así que no me provoques – la previno Emmett.



- ¿Interrumpo? – la suave voz con un toque de saña hizo que Emmett se apartara de la princesa.



- No, no interrumpes nada – Emmett respondió enojado – buenos días Rosalie.



- Buenos días – respondió la princesa fríamente mientras Emmett besaba su mano – Tanya



- Rosalie



Emmett soltó la mano de Rosalie y se fue al campo de entrenamiento, necesitaba despejarse y desestresarse. Vaya sorpresa que se llevó al ver a Jasper enseñándole a Alice a tirar con el arco.



- Alice llevo mil veces diciéndote que así no es – se quejaba Jasper



- Lo lamento es sólo que no me concentro – replicaba su pequeña hermana.



Emmett rió al ver la cara de desesperación de Jasper.



- ¿Ya comprobaste con que monstruito vas a casarte? – preguntó Emmett divertido.



- Ni lo menciones – Jasper le dijo – Alice renuncio, es imposible que tires una flecha al blan…



Alice sostenía en alto el arco y su flecha había dado justo al blanco y ahora los miraba a los dos con una sonrisa engreída.



- Genial, ya aprendiste ahora vámonos – dijo Jasper.



- No, yo quiero seguir practicando – Alice comenzó a hacer berrinche.



- Que no, ya sabes, no necesitas más práctica – Jasper le dijo.



- No me pienso mover de aquí – Alice le dijo cruzando los brazos sobre su pecho.



- Emmett siento mucho lo que voy a hacer – se disculpó Jasper y entonces se acercó a Alice y la cargó al hombro.



- No ¡Jasper! ¡Bájame! ¡Jasper!



Alice iba golpeando la espalda de su prometido con sus puños, pero él no la bajaba, seguía cargándola y ella se sentía como una niña regañada.



- Jasper no es justo ¡bájame!



- Lo haré una vez que lleguemos a tu habitación y ahí te voy a dejar encerrada – la amenazó Jasper



- Jasper bájame…voy a…voy a…voy a…



Pero a Alice no se le ocurría que decirle y Jasper rió. Todo el camino hacia el castillo Alice se quedó callada, frustrada porque no había podido bajarse de la espalda de Jasper. Una vez en su habitación Jasper se acercó a la cama.



- Alice bájate



- No



- Alice



- No



- Mira princesa no tengo tu tiempo bájate



- No



Entonces Jasper la tiró en la cama…y él cayó sobre ella. Sus miradas colisionaron y algo en el interior de ambos se agitó. La respiración de Alice se volvió irregular mientras que a Jasper, el corazón comenzó a latirle rápidamente.



Casi involuntariamente ambos se acercaron al otro. Alice cerró sus ojos y entreabrió los labios. Jasper, llevado por un inesperado impulso acercó sus labios a los de Alice, en un principio sus labios sólo se rozaron, suaves, tiernos contra los del otro. Jasper comenzó a besarla un poco más profundo usando sólo sus labios, jamás se imaginó que los labios de Alice supieran tan dulces. Alice sintió que su corazón dejaba de latir. Sus manos se enlazaron al torno del cuello de Jasper y él metió una mano al cabello de Alice y la otra la pasó por debajo de su cintura, atrayéndola más hacia él.



Jamás habría un beso igual a aquel. Alice jamás había besado a nadie – sin contar a ese desconocido con el que se había acostado – y besar a Jasper era lo mejor que Alice hubiera probado. Por otro lado Jasper había besado a muchas otras mujeres, pero jamás había besado a nadie con la dulzura con la que besaba a Alice, no importaba nada más, no quería nada más, sólo quería besarla, tenerla entre sus brazos.



Jasper se había perdido en los labios de su prometida y no buscaba deseo ni placer, sólo buscaba la ternura que de Alice emanaba. Sus labios eran inexpertos, se movían temerosos contra los suyos. Jasper guió el beso, lo guió a que fuera dulce, tierno, delicado. Estaba marcando en Alice su nombre.



Se separaron porque sino ambos morirían asfixiados. Ninguno de los dos sabía qué decir o qué hacer. Jasper no quería ver esos ojos, no quería ver esa sonrisa, pero tampoco quería deshacer el abrazo que los unía por lo que permaneció sobre Alice con su cabeza escondida en el hombro de ella. Alice por su parte acarició los dorados y suaves rizos de Jasper y con la otra mano dibujaba círculos por toda su espalda.



En esos momentos ninguno quería decir nada porque una simple palabra podría romper esa hermosa atmósfera. Alice esperaba que sus días junto a Jasper fueran iguales, mientras que Jasper se recordaba a sí mismo su plan, no iba a casarse con esta princesa, no iba a conformarse con un simple título nobiliario, no iba a conformarse con una princesita. No iba a conformarse con una mujer que lo consolaba y lo hacía sentirse importante por el simple hecho de estar entre sus brazos, no se iba a conformar con eso…



Las cosas más hermosas no son las que tienen más valor, sino aquéllas que nos recuerdan lo hermoso que puede ser el mundo



B.



Edward leyó la nota y sonrió. Jamás se había puesto a pensar en eso y ciertamente Bella tenía mucha razón, esta muchacha le enseñaba muchas cosas y con cada nota, Edward se iba sintiendo un príncipe diferente.



- Su alteza, no imaginaba que estaría aquí a éstas horas – Bella entró a la habitación del príncipe con algunas prendas en las manos.



- Me gusta estar solo de vez en cuando, y mi habitación es un lugar perfecto – Edward miró a Bella guardando su ropa – Bella me impresiona mucho la manera en que ves el mundo, siempre logras verle las cosas buenas aún cuando el panorama es oscuro.



- Porque la vida es así, su alteza, la vida es un instante que no podemos darnos el gusto de dejar pasar – Bella se agachó a recoger unas cuantas cosas y volvió al vestidor



Edward esperaba que saliera, con Bella podía hablar de cosas que sólo su padre comprendería. Bella salió de la habitación con la ropa sucia en las manos. Edward no quería que se fuera, quería escucharla hablar.



- Bella no te vayas aún – Edward la detuvo



- ¿Qué se le ofrece su alteza?



- Me preguntaba si podrías quedarte unos minutos, me gustaría hablar contigo



- ¿De qué desea hablar, su majestad?



- De todo, siento que tú eres de esas personas con las que puedes hablar de todo.



Bella se sonrojó hasta la médula. Durante este corto tiempo que llevaba trabajando para el príncipe jamás le había pedido hablar con ella. Últimamente se estaba comportando de manera muy extraña.



- Lo lamento su alteza, yo tengo muchas cosas que hacer y no creo que sea apropiado quedarme hablando con usted, con su permiso



- No lo tienes, tus únicos deberes son atenderme y yo te ordeno que te quedes a hablar conmigo



Probablemente si el príncipe no hubiera dicho todo esto en un tono que dejaba en claro que bromeaba, Bella se hubiera ido desde un principio, pero a veces podía darse cuenta que tanto Alice como Edward estaban solos. De Emmett no podía decir mucho, pero de Alice y Edward sí y estaba segura que Edward necesitaba a alguien que lo escuchara tanto o más que Alice.



- Bueno, de que desea hablar, su alteza



- Como ya te lo dije antes, de todo, quiero saber qué es lo que pasa por tu cabeza



¿Qué más se podría decir? Quizá, que se quedaron hasta muy entrada la tarde hablando – como dijo Edward – de todo. Del amor, de la vida, de la muerte, de los valores, de los sentimientos, de todo.



Edward estaba simplemente maravillado. Definitivamente su padre se encantaría de conocer a esta muchacha. Sin embargo Edward era un ser en extremo egoísta por lo que siguió platicando con ella. Quizá, algún día próximo, le contaría a su padre acerca de esa inteligente muchacha.



Rosalie estaba en la habitación sentada en la cama, esperando. Sus ojos no se movían de la puerta. No tardó mucho para que ésta se abriera y se azotara. Ella ni se inmutó.



Emmett entro a su habitación y no pudo evitar azotar la puerta y golpearla con ambas manos, estaba furioso. Y las cosas no dejaban de empeorar. Recargó la cabeza en la puerta y tomó dos bocanadas de aire, cuando estuvo tranquilo se dio la vuelta. Su mirada se topó con dos ojos azules.



- ¿Terminaste de hacer tus berrinches?



- No estoy para bromas



- ¿y yo sí? – replicó Rosalie haciendo gala de su lengua afilada.



- Rosalie tenemos problemas, esto simplemente se está saliendo de control – Emmett se quedó ahí.



- ¿te estás echando para atrás?



- Nunca



- Ven acá



Emmett se acercó a Rosalie y ella lo atrajo hacia sí y lo besó apasionadamente. Las manos de Emmett recorrieron sus hermosas curvas sin ninguna clase de censura. Rosalie le quitó la camisa y él le soltó el cabello de la peineta.



- ¿Rose? Me vuelves loco



- Lo sé, ahora cállate y bésame.



Se desvistieron a toda prisa y comenzaron la sesión de amor que habían tenido que posponer aquella mañana. A Rosalie le encantaba estar entre los brazos de Emmett, fuertes, seguros. Las puntas de sus dedos acariciaban los contornos de los músculos de la espalda de Emmett, mientras que las manos de Emmett acariciaban esa piel nívea e inmaculada.



Cuando la pasión los dejó agotados y la furia de Emmett se convirtió en un simple recuerdo, los dos se acostaron mirándose frente a frente.



- Mi mamá creyó que anoche besé a Tanya en el jardín – Emmett le explicó a Rosalie – y ahora quiere que me case con ella.



- Tenemos que hacer lo imposible por posponer la boda Emmett, si me caso con Edward no podremos… - él le tapó la boca con una mano.



- No te preocupes tanto, nos encargaremos de Edward lo más pronto posible.



- Ya me harté de tener que jugar a la prometida feliz, detesto a tu hermano, me cree una muñequita– Rosalie refunfuñó.



- Tú eres mucho más que una muñequita preciosa.



Emmett la besó fuerte y posesivamente. Eso era lo que Rosalie quería en un hombre, que la hiciera sentir única, que la elogiara, la respetara y sí también le gustaba tener cierto control sobre él. A Edward lo traía como quería, pero con Emmett las cosas eran diferentes, ambos tenían cierto control sobre el otro y la pasión que llameaba entre ellos era algo que no podía ni describir.



- Escucha, sé que no te gusta estar con Edward, pero necesitamos que crea que eres la mujer de su vida y que lo amas – Emmett previno a Rosalie – no podemos dejar que sospeche nada.



- Es que…



- Piensa mi amor, tú serás la reina de Inglaterra



- Y tú el rey, mi rey



- Exacto.



Y después volvieron a sus asuntos…



- Alice ¿no crees que ya tuvimos suficiente? – Jasper estaba atrás de Alice



- No, me encanta



Alice volvió a apuntar al centro y disparó, un tiro simplemente perfecto. Jasper la miró, si Alice quería algo, lo conseguía porque lo conseguía.



Jasper estaba mirándola simplemente, se sorprendía de la habilidad que tenía ella para este deporte…bueno su recién adquirida habilidad.



Alice volteó a ver a Jasper con una gran sonrisa, ella sentía que algo entre ellos iba cambiando. Y esperaba que no sólo fueran imaginaciones suyas.



- ¿Sabes? Quiero aprender a montar a caballo – le dijo a Jasper con una tierna sonrisa



- A no, no, no y no, es mi última palabra ¿me oíste?



- Sí – lo miró sonriente



- ¿y no te importa nada cierto?



Alice asintió y Jasper meneó la cabeza.



- Alice te caíste en una fuente caminando – le dijo Jasper – si te subo a un caballo te vas a matar



- No porque tú no vas a dejar que yo me mate – le dijo Alice abrazándolo – ándale Jas, por favor – lo miró con sus ojos completamente abiertos.



- No, no vas a convencerme esta vez – Jasper hizo un gran esfuerzo en no mirar esos hermosos ojos.



- Jas, si no me llevas tú entonces voy a cabalgar yo solita – Alice lo amenazó.



- No puedes.



Entonces Alice se separó de Jasper y se fue hacia las caballerizas. Jasper la miró y casi se tropieza con una piedra, él rió y la siguió. Al llegar Alice se quedó petrificada al ver los caballos tan enormes. Jasper llegó y la abrazó por atrás.



- Vamos por uno más pequeño – la tomó de la mano y escogieron a una yegua tranquila – ahora acaríciala, que sienta que la respetas pero que tú tienes el mando.



Alice acarició a la yegua y pronto Jasper la ayudó a subirse y él se subió tras ella y le rodeó la cintura con un brazo.



- Toma las riendas y aprieta un poco las piernas para que empiece a moverse – le dijo Jasper suavemente al oído.



Así pasearon un rato por los jardines del castillo, Jasper agarraba a Alice fuertemente para que no se cayera, aunque una parte de él le decía que lo hacía para que ella estuviera lo más cerca posible de él.



- Lo haces muy bien – le susurró Jasper al oído y ella se estremeció.



- Gracias a ti – Ella volteó y le dio un rápido beso en los labios que él no esperaba – Gracias por todo lo que has hecho por mí estos días Jasper



- Sí, sí – respondió él – sólo lo hago porque sino estuviera contigo ya habrías caído por un precipicio.



- Por aquí no hay precipicios – ella le dijo



- Tú podrías encontrar alguno – le dijo él en broma



Alice hizo un mohín y Jasper se rió de ella.



- Eres maravillosa Alice – Jasper no sabía de donde habían salido esas palabras



- Gracias, igual tú – ella le respondió a él



Y sin saber porqué, Jasper besó su cuello y dejó su cabeza recargada en el hombro de ella. Al regresar al establo Jasper bajó del caballo y esperó a que Alice bajara.



- creo que se me durmieron las piernas – dijo Alice y Jasper rió



- Ven acá tonta yo te llevaré a tu habitación cargando – Jasper le abrió los brazos.



Alice se arrojó gustosa a sus brazos y Jasper la llevó, tal y como había prometido, a su habitación. Cuando la acostó en la cama, no pudo resistirse a besar sus dulces labios.



- Que descanses princesa.



- Igual tú, príncipe.



Y en ese momento, para Jasper, ella ya no era su tonta e ingenua prometida. Era su dulce y arriesgada Alice



Un pequeño adelantito...


- ¿Príncipe Jasper me permite pasar? – pidió permiso Bella




- Adelante – respondió él con voz entrecortada.



A Bella no le gustó verlo así, si Jasper estaba con ese humor no quería pensar en como estaría la pobre de Alice.



Bella comenzó a limpiar la habitación y de vez en cuando miraba al príncipe, su mirada era la misma, su posición la misma y su sufrimiento, el mismo.



¿Qué tendrá Jasper? ¿Qué pasó con Alice? Lo sabremos en el próximo capítulo, asi que no olviden pasarse tod0s los miercoles por el mismo canal y a la misma hora...
Bueenoo.. ¿que les parecio? yo creo q Emy esta en problemas... no?
Mis niñas espero que les haya gustado!
Un besote para todas! ♥

1 comentarios:

Ariusk dijo...

Ahhh x fin todo va agarrando caudal jeje umm Rosalie parece enamorada de Emmet
pero al parecer lo q planean no es nada bonito...

Ya Jasper y Alice enterneces, umm Jas
dice q nunca la habia besado tan dulcemente. Algun insisto en que fue el que se acosto con Alice espero q esa noche se alla puesto como una cuba y x eso no se acuerde!! jeje

Y q intriga q les pasara en el proximo capi???
a y Ed y Bella estan construyendo algo muy bonito me esta gustando mucho mas esto
en verdad q si!!!

Hoy ya no estan tan de locos pero si necesitan una buena terapia familiar ajaja! nena me a gustado mucho gracias por traernos esta historia y mis saludos a la autora y a ustedes!!! Besotes!!!

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