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- Me llamo Daneska Fals, vivo en venezuela, valencia, tengo 13 años, signo leo, cumplo en 8 de el 8 (agosto) soy muy loca y rara segun mis amigos (ojo no soy anti-social sino lo contrario) pues yo prefiero leer a ver tv, dormir en ves de salir y cosas así que no van dentro de lo comun! XD.. adoro pasar tiempo con mis amigos y familiares. estar en la compu, leer y escribir, me fascina sobremanera cuando me llega una rafaga de inspiracion (mucha de ella basada en Edward o Jake XD..) gracias por visitarme y estar un rato en mi loka compañia! =)
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miércoles, 9 de marzo de 2011
Los Reyes Cullen
10:42 | Publicado por
DaneFals97♥ |
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Disclaimer: Los personajes son de SM y la historia de Daya Hale
Capítulo 16.
Emmett se dio la vuelta y una oleada de alivio lo cruzó de pies a cabeza. Su hermano estaba vivo, y no podía estar agradecido por nada más en ese momento.
- ¡Dios estás vivo!
- Sí, desde hace 22 años – respondió Edward un poco sarcástico – Emmett sé que estás enojado conmigo y tienes toda la razón en estarlo, actué demasiado mal, contigo y con Alice.
Emmett miró a su hermano detenidamente. Sí, estaba aliviado de que no estuviera muerto, pero aún estaba sentido con él.
- ¿Sabes qué fue lo que más me dolió? No fue que te preocuparas por ser un buen rey, lo que me dolió fue ver como dejabas de confiar en mí y ya no me decías nada – Emmett comenzó – y luego dejaste de hablarme, todo se volvió más importante que yo. Después de todo lo que compartimos Edward, todas las travesuras en las que nos metimos y de las que salimos juntos. Todas esas veces que nos tuvimos el uno al otro. La primera vez que nos emborrachamos, que nos quedamos dormidos en los establos – Edward rió al recordarlo – la noche en que te acostaste con una mujer por primera vez, que tuve que sacarte de su cama antes de que papá te encontrara donde no debías. ¿A dónde fue todo eso Edward?
- Yo…no sé que decirte hermano, siempre estuviste junto a mí y yo…yo no estuve a tu lado todos estos años, Emmett no sabes como lo siento, no sabes lo que daría por recuperar esos momentos perdidos – se lamentó Edward.
- Ya es tarde Edward – Emmett se acercó a la puerta.
- Emmett ¿no podemos intentar recuperar el tiempo perdido?
- No lo sé hermano – Emmett abrió la puerta y salió de la habitación.
Edward se quedó ahí parado por unos instantes, quizá no había arreglado las cosas con su hermano, pero por lo menos le había dirigido la palabra.
Bella siguió con su día evitando pensar en lo que había hecho esa noche, ¿qué le diría a Edward? ¿Debería de decirle la verdad? No lo sabía, quería que dejaran de engañarlo, pero no podía imaginarse a su príncipe sufriendo semejante decepción.
Subió a la habitación de Alice y la princesa estaba radiante, de hecho ya no había día en que estuviera triste, no desde que Jasper le había declarado sus sentimientos.
- ¿Cómo dormiste?
- Muy incómoda – respondió la princesa
- Sí, lo noté – Bella comentó y ambas rieron
- Ay Bella, nunca había sido tan feliz además hoy vino mi mamá a hablar conmigo y no sé que le pasó pero está muy cariñosa conmigo.
Bella sonrió, Alice era feliz y ella se lo merecía más que cualquier otra persona en este mundo. Cuando acabó de arreglar a la princesa, regresó a su pequeña habitación, no tenía ya nada más que hacer así que se sentó a leer…otra vez Roméo y Julieta.
Edward entró a su habitación un tanto confundido, apenas era mediodía y ya estaba abrumado por tantas cosas, no había visto a su prometida, Emmett ya había hablado con él, pero no había mejorado nada y lo de haber despertado con Bella a su lado aún lo tenía muy confundido. No entendía por qué se había dejado llevar por los besos y caricias de Bella.
No entendía cómo había podido sucumbir al deseo que se había apoderado de él una vez que ella había comenzado a besarlo. Y es que no sólo era lo físico, sino lo que comenzaba a sentir por Bella lo que más lo confundía, ella era una sirvienta (y a él no le importaba en lo más mínimo) y él estaba comprometido y amaba a Rosalie…o hasta ese momento lo creía.
Bella entró a la habitación del príncipe, al verlo sentado en la cama decidió regresar a su habitación, pero Edward la detuvo del brazo y la volteó hacia él. Bella miró esos insondables ojos verdes y casi se desmaya. Mientras que Edward no podía hacer nada para evitar ahogarse en esos ojos cafés.
- Tenemos que hablar Bella – le informó el príncipe.
- Edward, yo lo lamento…en serio yo no quería que… - él le puso un dedo en los labios.
- Claro que lo querías, lo hiciste a conciencia, pero quiero saber qué te llevó a actuar de ese modo – le pidió el príncipe.
- Yo…no puedo decírtelo – murmuró Bella al borde de las lágrimas.
- Claro que puedes así que dímelo.
Bella negó con la cabeza y las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos sin control. Edward la atrajo a sus brazos y la abrazó, Bella escondió su cabeza entre los pliegues de la camisa del príncipe. No podía, no podía decirle nada, no soportaría ver el sufrimiento en su mirada.
Edward la mantuvo abrazada hasta que ella dejó de llorar, y el tener que separarse de ella se le hizo insoportable.
- Bella, te ordeno que me digas por qué – demandó el príncipe – pero ahora que recuerdo me quitaste la botella y no me dejaste beber de ella, ¿fue por eso? ¿no querías que bebiera el vino?
Bella asintió con la cabeza sin poder soportar la situación.
- ¿Por qué?
Bella negó de nuevo, no podía decirle nada. Aunque fuera lo mejor ella no quería verlo sufrir.
- Bella dímelo
- No…no puedo
- Sí puedes, dímelo
Pero Bella era necia y si decía que no le iba a decir nada, no le diría nada.
- ¡Bella dímelo en este instante!
- No
- Bella…
- ¡porque estaba envenenado! – gritó la muchacha y luego se tapó la boca con las dos manos.
Se dio la vuelta pero Edward la detuvo nuevamente.
- ¿Qué estás diciendo?
- Edward…Rosalie te engaña – la muchacha comenzó – con…con Emmett – y una vez que abrió la boca no pudo parar – ellos quieren matarte Edward, para convertirse en reyes.
- No…no es cierto – murmuró Edward.
Claro que no era cierto, Rosalie lo amaba y no se atrevería a engañarlo, mucho menos con su hermano.
- Compruébalo tú mismo Edward, en la noche ve a la habitación de Emmett y lo verás – Bella entró a su habitación nuevamente.
Edward se quedó de una pieza después de que Bella se fuera. ¿Qué demonios había sido eso de Rosalie, Emmett y el veneno? Edward no podía creer que lo que decía Bella era cierto. Rosalie no sería capaz de engañarlo, ella era una princesa digna que no haría nada por el estilo.
Pero por otro lado ¿qué ganaba Bella al mentirle?
Alice estaba en su habitación leyendo unos poemas, cuando la puerta de su habitación se abrió. Ella no necesitó alzar la mirada para saber quién había entrado. Menos aún cuando unos brazos la abrazaron y unos suaves labios se posaron suavemente en su cuello.
- ¿Estás tú tan adolorido como yo? – le preguntó Alice a Jasper riendo.
- Sí, pero fue una de las mejores noches de mi vida – le respondió su prometido volteándola hacia él - ¿qué aventura tienes planeada para hoy, princesa mía?
- No lo sé – Alice fingió pensar - ¿qué tanto peligro habrá si caminamos juntos por el jardín tomados de la mano?
- El único peligro que corres es que yo te coma a besos – Jasper contestó mientras besaba su mano.
- Genial, entonces vamos.
Alice casi arrastró a Jasper al jardín. Al llegar, la princesa se sentó en los pastizales que además también tenían flores silvestres. Jasper se sentó junto a ella y la abrazó.
- Te amo – susurró la princesa.
- Te adoro, mi pequeña princesa aventurera
Jasper besó a Alice y poco a poco la fue acostando sobre el pasto mientras se colocaba sobre ella lentamente, evitando que ella soportara su peso. Alice acarició la espalda de Jasper mientras él la besaba.
Se separaron unos momentos y se sonrieron el uno al otro con amor y volvieron a besarse. Jasper se apartó de su princesa, cortó una flor y la fue pasando lenta y suavemente sobre la piel de su prometida.
- ninguna flor es más hermosa, más fragante o más suave que tú – Jasper le dijo y le dio la flor en la mano.
Alice se levantó poco a poco y alcanzó los labios de su prometido con los suyos y lo besó dulcemente. Instantes después era ella la que se encontraba arriba de él. Y nada los hubiera sacado de su encanto en esos momentos.
Bella fue con la señora Weber, la habían mandado llamar nuevamente y esta vez Bella iba resignada a que perdería su empleo, seguro Edward ya había ido a decir que ella estaba diciendo puras mentiras.
- ¿Deseaba verme señora Weber?
- Así es Bella, me acaban de informar que el príncipe Jacob de Alemania viene a pasar algunos días aquí – le dijo la señora Weber a la chica – y pues, ya hablé con Jessica y Angela, las dos van a regresar a las habitaciones de Jasper y Emmett ¿podrías encargarte tú de las de Edward y Jacob?
¡no! Así no iba a poder escuchar los planes de Rosalie y de Emmett y ella tenía que evitar a cualquier costo que ellos le hicieran algo a Edward, ella no los dejaría matarlo. Primero tendrían que matarla a ella.
- A decir verdad señora Weber, la verdad es que ya me acostumbré a las habitaciones de los príncipes y pues, me gusta arreglar sus habitaciones – respondió Bella - ¿no podrían ellas atender al príncipe Jacob?
- Pues yo supongo que sí pero ¿Bella no crees que estás trabajando demasiado? Digo, encargarte de tres habitaciones y aparte ir con la princesa Alice, debes de estar agotada muchacha.
- No, disfruto mucho mi trabajo señora Weber, es lo mejor que puedo hacer – respondió Bella.
- Bueno, tienes toda la razón en eso, entonces quédate tú con esas tres habitaciones.
- Se lo agradezco mucho señora Weber.
Bella salió y subió a su habitación nuevamente, aunque pensándolo bien, fue a las lavanderías, ahí había menos posibilidades de ver a Edward.
Rosalie llevaba casi todo el día en su habitación, andaba dando vueltas de un lado al otro completamente nerviosa ¿qué había pasado con Edward? ¿Por qué Emmett no subía a verla? ¿qué demonios pasaba?
En ese momento Emmett entró y corrió a abrazarla, ella se aferró a él completamente sorprendida.
- ¡Está vivo! ¡Está vivo!
- ¿y por eso estás tan alegre?
- Claro, no podría vivir con la idea de haber matado a mi propio hermano – Emmett respondió y Rosalie lo miró con una ceja levantada. – Rose ¿no lo entiendes? Edward es mi hermano, no podemos matarlo.
- ¡¿Qué? ¿Y entonces qué? ¿Vas a dejar que me case con él? ¿Te vas a ir con Tanya a España?
- Claro que no mi amor – Emmett la besó – te amo, ya encontraremos la manera de estar juntos sin tener que ocultar nuestro amor. Podremos criar a nuestro hijo juntos, como debe de ser.
Rosalie miró a Emmett como si éste se hubiera vuelto loco ¿qué pasaba con eso de ser reyes? Ella no se iba a conformar con un simple título, ella quería ser reina. Y quería que su hijo creciera sano y feliz y luego se convirtiera en rey.
- ¿Emmett te sientes bien?
- Sí mi amor, de maravilla – Emmett la besó de nuevo – es sólo que tendremos que cambiar un poco los planes.
- Emmett tú no entiendes ¿o qué? No hay otro plan, habíamos acordado matar a Edward para pasar directamente al trono y debemos hacerlo pronto o todos comenzarán a darse cuenta de que estoy embarazada. Además está la amenaza de Tanya.
"La amenaza de Tanya" eso le había dado una idea a Emmett, pero con ella sólo resolvería un poco el problema. Él ya no deseaba tanto el trono, no si la vida de su hermano estaba de por medio, pero sabía que Rosalie sí lo deseaba y haría lo que fuera por cumplir cada capricho suyo.
- No te preocupes tanto mi amor, yo solucionaré todo esto ¿de acuerdo?
- Claro que sí Em – Rosalie lo acercó hacia sí y lo besó.
Caída la noche Edward estaba en su habitación dando vueltas indeciso, ¿se atrevería a hacer lo que Bella le había sugerido? ¿Iría a la habitación de su hermano para probar que Bella no estaba en lo cierto? Pero, ¿y si, sí lo estaba?
"No debo de dudar de Rosalie, ella me ama" pensó Edward mientras se sentaba en la cama. "Confías en Rosalie, pero ¿y Emmett?" Edward no pudo con la tentación y se dirigió a la habitación de su hermano.
Bella también iba a la habitación de Emmett, solamente que ella iba por el pasillo de la servidumbre. Los dos abrieron ambas puertas en el mismo momento y los dos vieron la misma escena. Rosalie y Emmett besándose mientras se desvestían.
Bella miró a Edward con tristeza, y él no podía apartar la mirada de Rosalie y Emmett, cuando por fin lo hizo, cerró la puerta silenciosamente y se fue a su habitación, estaba completamente deshecho, no podía ser cierto, no podía. Se sentó en su cama e hizo el intento de no llorar.
- ¿Edward? – Bella entró tímidamente a la habitación - ¿te encuentras bien?
- ¿Desde cuándo lo sabías?
- Desde que me encargaron limpiar las habitaciones de los tres – respondió Bella – no te había dicho porque sabía que no me creerías y…
- ¿y qué?
- Y no quería verte sufrir – terminó Bella completamente sonrojada.
- ¿Por qué?
Esa es la pregunta que Bella sabía que no debía de contestar. Pero una parte de sí misma le insufló ánimos para decir lo que tenía que decir.
- Porque…porque…porque yo te amo Edward – respondió la chica.
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O.O' Que tal? ahaha es un buen cap! :) ojala les haya gustado! Amo esta historia *-*
Besos
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Los Reyes Cullen
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miércoles, 6 de octubre de 2010
Los Reyes Cullen
6:39 | Publicado por
krlitalabeba |
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Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Dayan Hale.
Capítulo 15.
La noche cayó con rapidez ese día. Después de la cena Alice y Jasper se habían retirado y esta vez, la pequeña princesa fue a la habitación de su prometido. Al llegar Jasper la besó dulcemente y ambos se quedaron acostados en la cama profundamente dormidos, el uno en brazos del otro.
Edward fue al jardín con su padre y se quedaron platicando un buen rato antes de que ambos subieran a sus habitaciones.
Emmett estaba en su habitación y vaya sorpresa que se llevó cuando la puerta del servicio se abrió y Rosalie entró por ella.
- ¿Cómo lo hiciste?
- ¿Hacer qué? – preguntó Rosalie
- Entrar por ahí – respondió Emmett.
- Ah…fácil, acabo de ir a la habitación de tu hermano y ya dejé la botella de vino junto a su cama – respondió Rosalie.
- Perfecto – Emmett sonrió y besó a Rosalie pasionalmente.
Bella entró a la habitación del príncipe Jasper, para ver si necesitaba algo, pero se dio cuenta de que no necesitaría nada. Bella sonrió abiertamente, Alice estaba dormida sobre el pecho de Jasper y él la tenía abrazada, ambos dormidos profundamente. Cerró la puerta silenciosamente y fue a la habitación de Emmett.
Ahí vio como el príncipe estaba sobre Rosalie mientras se besaban y comenzaban a desvestirse el uno al otro. Bella sintió un nudo en la garganta y cerró la puerta sin hacer ruido.
Finalmente fue a la habitación del príncipe Edward. Él estaba sentado en la cama, con una botella de vino en las manos. A Bella la recorrió un escalofrío de terror, esa botella sólo podía ser la que contenía el veneno. Suspiró y se armó de valor, ella ya sabía lo que haría para evitar que Edward bebiera de esa botella.
Mientras tanto, Carlisle entró a su habitación y miró a su esposa, Esme estaba mirando por la ventana con gesto ausente. Durante esos días, Carlisle se había distanciado de ella y le hablaba muy poco, era obvio que seguí enojado con ella y Esme odiaba discutir con su marido.
- Buenas noches Esme – deseó el rey a su esposa mientras caminaba hacia el vestidor.
- Carlisle, espera – ella lo tomó del brazo – quiero hablar contigo. Tienes toda la razón con respecto a Emmett y a Alice, fui una estúpida.
- Esme, lo que quiero que entiendas es que Alice y Emmett son tus hijos al igual que Edward – Carlisle tomó a su esposa del cuello – los tres fueron concebidos por el amor que sentimos el uno al otro, los tres crecieron en ti, acunados bajo tu corazón, los tres son sangre de nuestra sangre.
- Lo sé – admitió Esme – y es horrible que lo comprenda hasta ahora – la reina comenzó a llorar y Carlisle la abrazó.
- Aún no es tarde mi amor, aún puedes demostrarles a Alice y a Emmett que los amas – Carlisle besó a su mujer en el cabello – me alegra que tú como Edward hayan abierto los ojos, pero según Edward, Emmett está demasiado sentido y pues tendremos que hacer un gran esfuerzo por hablar con él.
- Lo que sea, no importa, lo más importante es que nuestra familia se mantenga unida – Esme dijo.
Carlisle besó a su esposa y se alegró de que hubiera recapacitado. Ahora rezaba porque su hijo menor no hiciera nada de lo que después pudiera arrepentirse.
Cuando Edward entró a su habitación vio que había una botella de vino junto a su jarra con agua y la tomó. Traía una pequeña nota colgada.
Para el mejor príncipe del mundo. Rosalie
Edward sonrió completamente enamorado. Tal vez bebiera unos tragos antes de irse a la cama. Cuando estaba a punto de abrir la botella, Bella entró a su habitación.
- Buenas noches Edward – lo saludó la chica.
- Buenas noches Bella – la saludó de regreso el príncipe.
- Edward, no bebas eso, por favor – pidió Bella sin poder contenerse.
- ¿por qué no Bella? – preguntó Edward sin comprender a la muchacha.
- Porque…porque es demasiado tarde – respondió Bella tontamente.
Edward rió e ignoró a la chica y comenzó a quitarle el corcho a la botella. Bella no pudo evitar el impulso de quitarle la botella. Esto tomó a Edward desprevenido y lo asombró por completo.
- Bella…
Pero Bella no iba a permitir que el príncipe bebiera de esa botella, no importaba lo que tuviera que hacer para evitarlo. Así que Bella se armó de valor, le quitó la botella de sus manos y antes de que él príncipe pudiera reaccionar, se sentó a horcajadas sobre él y lo besó.
Edward se asombró aún más que la propia Bella ante la reacción de la chica. El príncipe intentó quitarse a Bella de encima, pero por algún motivo no pudo hacerlo, al contrario la acercó aún más a él y la besó apasionadamente.
Bella sabía que la única manera de evitar que el príncipe bebiera sería entregándose nuevamente a él así que fue recostando a Edward en la cama mientras desabrochaba su camisa. Bella jamás se imaginó que acabaría seduciendo a un príncipe, pero se recordaba a sí misma que lo hacía para protegerlo.
El príncipe por su lado, no podía dejar de acariciar a Bella, sus labios removían tiernos e inexpertos contra los suyos y la fragancia que de ella emanaba estaba embriagándolo. Cuando Bella se posó sobre él y comenzó a desabrochar su camisa, Edward deshizo las lazadas de su vestido y recorrió con las yemas de sus dedos la espalda de Bella.
Bella sintió como el príncipe la iba despojando de su vestido sin dejar de besarla en ningún momento. Cuando su vestido ya no cubría su cuerpo, Edward acostó a Bella en la cama invirtiendo los papeles. En algún momento, Bella había tirado la botella de vino al suelo, pero ya ninguno de los dos recordaba la botella.
Ambos estaban más interesados en la pasión y el deseo que había surgido entre ellos. Cuando Edward fundió ambos cuerpos en uno solo, él sintió como Bella lo abrazaba y arañaba su espalda mientras ahogaba sus gritos en el hombro de él. Edward seguía besando el cuello de Bella y subió hasta sus labios.
Ya en la madrugada, ambos estaban abrazados estrechamente con las piernas entrelazadas. Edward dormía plácidamente con la cabeza apoyada justo en el corazón de Bella. Mientras que ella estaba inmóvil pues el príncipe la tenía firmemente abrazada, ella no dormía, ella seguía despierta, acariciando los cabellos de Edward y derramando unas cuantas lágrimas.
- Te amo Edward – suspiró Bella suavemente y besó los labios del príncipe una vez más antes de caer en un sueño profundo.
A la mañana siguiente Edward se despertó y lo primero que olió fue la dulce fragancia a fresas. Al abrir los ojos vio a Bella profundamente dormida sobre su pecho, un sentimiento completamente nuevo lo embargó. Acarició los suaves cabellos de Bella y los apartó de su cara, su piel era suave, tersa, cremosa…Se quedó mirándola sin poder evitarlo, la belleza de Bella era completamente natural.
Edward quería moverse, pero las piernas de ella estaban entrelazadas con las suyas. Lenta y suavemente se deshizo del abrazo de ella y salió de la cama, sintiéndose completamente vacío. Bella suspiró en sueños y se acurrucó aún más en la cama.
Edward comenzó a vestirse silenciosamente, no quería despertarla, por algún motivo, no quería enfrentarse a la verdad. La verdad de que había compartido su cama con Bella en dos ocasiones. Y por más que intentaba convencerse a sí mismo de que ambas ocasiones habían sido un error, no podía negar que en ningún momento de su vida se había sentido tan vivo, tan exultante, tan feliz.
- Edward… - el príncipe volteó la cabeza rápidamente hacia Bella, pero suspiró aliviado al ver que la muchacha seguía dormida
Un momento ¿Bella había susurrado su nombre en sueños? Salió de su habitación antes de que ella se despertara en verdad.
Alice se despertó completamente adolorida, eso de dormir con los vestidos, los corsés y las lazadas no era bueno pero al mirar al príncipe que la tenía entre sus brazos, hacía que el dolor mereciera la pena.
Jasper seguía dormido, así que Alice se deshizo delicadamente de su abrazo y antes de levantarse de la cama, besó tiernamente los labios de Jasper.
- Te amo – susurró y salió de la habitación de Jasper.
Llegó a su habitación y sus sirvientas pronto le ayudaron a quitarse el vestido sin preguntarle nada, se quedó acostada en la cama con una sonrisa en los labios. En ese momento tocaron la puerta y Alice se sobresaltó.
- Alice, hija soy yo - ¿su mamá? ¿qué hacía su mamá ahí?
Alice se metió rápidamente a la cama e intentó deshacerla lo más posible. Se despeinó un poco y contestó.
- Pasa mamá.
Esme entró a la habitación de su hija temerosa por la reacción de ella. Pero debía de ser fuerte y tenía que hablar con ella.
- Buenos días hija
- Buenos días madre – respondió Alice
- ¿Pasaste una buena noche, mi amor?
¿oyó bien? ¿realmente le dijo mi amor? O definitivamente el amor de Jasper estaba volviéndola loca.
- Sí madre, ¿qué tal tú? – preguntó Alice cautelosa.
- Pues bien, sólo que…hija no sé como decirte esto…no sé como pedirte perdón por haberte alejado de mi lado…no sé como poder recompensarte – los ojos de la reina se llenaron de lágrimas.
Bueno, esto era de verdad una sorpresa ¿qué pasaba con el mundo últimamente? Edward y su madre estaban disculpándose por haberla dejado a un lado, Jasper le confesaba que la amaba…¿qué pasaba?
- Madre yo…yo no sé que decirte – respondió sinceramente Alice.
- Dime por favor que me perdonas – pidió Esme
Alice miró los ojos grises de su madre, estaban llenos de lágrimas y de dolor. No importaba que el mundo se hubiera vuelto loco, mejor aún. En este mundo loco todo era como ella lo deseaba, Jasper la amaba y su madre y su hermano la querían.
Se lanzó a los brazos de su madre y ella la acunó contra su corazón mientras besaba su frente y la arrullaba.
- Mi niña, mi hija preciosa
Emmett estaba en el campo de entrenamiento practicando con el arco, esa mañana estaba de un humor excelente.
- Buenos días – saludó su padre y Emmett volteó.
- Buenos días padre.
- ¿qué te parece si te reto a un duelo de espadas?
- Excelente.
Emmett le dio el arco y las flechas a uno de sus criados y otro de ellos le llevó su espada. Pronto Carlisle y Emmett se vieron envueltos en una feroz batalla. Tras una lucha desgastante, ambos fueron a sentarse en una de las bancas del jardín.
- Hijo hay un asunto del que me gustaría hablarte – inició Carlisle.
- Dime – Emmett tenía la mirada perdida en el horizonte.
- Emmett, el otro día hablé con tu hermano – Emmett hizo una mueca – sé que estás enojado con Edward, hijo y te entiendo. Sé como te sientes, pero quiero que sepas que tu hermano está verdaderamente arrepentido, al igual que tu madre.
- ¿Ah sí?
- Sí Emmett, los dos cometieron un error hijo, como lo hemos hecho todos, y ambos desean corregirlo. – Carlisle le dijo a su hijo – Eres un buen muchacho Emmett, siempre has tenido un corazón enorme, no permitas guardarles rencor, son tu familia, Esme te dio la vida, te protegió durante nueve meses dentro de ella. Y Edward es tu hermano, tu misma sangre corre por sus venas. Por favor te pido que los escuches Emmett, abre tu corazón y perdónalos.
Emmett miró a su padre y se quedó pensando en lo que dijo. Carlisle lo abrazó, brindándole su apoyo, como siempre lo había hecho.
- Recuerda esos momentos que viviste con tu hermano Emmett, los momentos en el que él te salvó, las travesuras que los dos hicieron juntos. Intenta recuperar esos momentos, saca todo ese enojo que tienes, grítale a Edward en la cara lo dolido que estás, pero no te quedes con eso dentro. Estoy seguro de que Edward te escuchará.
- Gracias papá – murmuró Emmett con un nudo en la garganta.
Bella se despertó en la cama del príncipe y abrió los ojos como platos de la sorpresa. Lo había hecho de nuevo, y esta vez Edward había estado plenamente conciente de lo que sucedía.
Un rubor intenso comenzó a invadir sus mejillas, Edward creía ahora que ella lo había seducido, lo había "obligado" a acostarse con ella. Esta vez sí se metió en un gran, gran problema. Edward podría acusarla por lo que había hecho y la correrían del palacio y ella no tendría a donde ir, pero no era eso lo que le preocupaba, lo que le preocupaba era dejar a Edward expuesto a cualquier cosa que su hermano planeara en contra suya.
Se vistió e hizo la cama. Al hacerlo vio la botella de vino tirada en el suelo, Bella la tomó y tiró el contenido en el drenaje de la cocina. Luego subió a la habitación de Jasper, el príncipe seguía dormido aún con la ropa de ayer y una sonrisa iluminaba su rostro.
Entró a la habitación de Emmett y ahí vio a Rosalie profundamente dormida, con una sábana cubriendo su espectacular cuerpo. Dormía plácidamente con una mano colocada sobre su vientre y la otra estaba apoyada en la almohada.
Bella sintió envidia, Rosalie era hermosa, completamente preciosa y era esa belleza la que había enamorado a Edward. Y Bella jamás tendría la hermosura que Rosalie poseía. Ella jamás podría ser amada por Edward, porque no era hermosa y porque era una sirvienta.
Emmett seguía sentado en la banca cuando su madre apareció, le sonrió tímidamente y fue a sentarse a su lado. Emmett no estaba listo para enfrentar esta situación, no podía…aún.
- Buenos días madre – saludó él fríamente mientras besaba la mano de su madre.
- Buenos días, hijo – saludó la reina en respuesta. – Emmett yo…
- No te preocupes madre, ya hablé con Tanya y accedí a firmar el compromiso, pronto me iré a España con ella, ¿era eso lo que querías no?
- No, no era eso de lo que yo quería hablarte, yo quería decirte que te amo, que eres mi hijo y que…me siento muy orgullosa de ti – Esme le dijo al borde de las lágrimas – y me duele no haber podido…gozar el verte crecer, el verte madurar y convertirte en un hombre.
- Seguro gozaste demasiado con Edward – repuso afiladamente Emmett – seguro el ver como tu heredero crecía fue lo mejor que te pudo pasar.
- Y lo peor que me pudo pasar es haberme cegado por ello – Esme pasó por alto el tono tan afilado de Emmett, se lo merecía – tú eres mi hijo al igual que Edward, los dos fueron un milagro en mi vida, los tres. Sí, sé que cometí el peor error de mi vida al sólo preocuparme por Edward, pero quiero que sepas que hoy estoy arrepentida y que te amo, te amo como amo a Edward, te amo con toda mi vida y mi alma, porque no hubo dicha más grande que el sentirlos a los tres dentro de mí.
La veracidad de las palabras de su madre, estaban deshaciendo poco a poco las murallas que Emmett había puesto alrededor de su corazón durante tantos años.
- Tú eres uno de los milagros más grandes que he experimentado – Esme sonrió con lágrimas en sus ojos – y quiero que sepas que jamás me arrepentiré de haberte dado la vida.
Si lo demás no había logrado causar ningún impacto en Emmett, lo que su madre le dijo en ese momento sí lo hizo. Como su padre le había dicho, tenía un corazón muy grande. No pudo evitar las lágrimas y abrazó a su madre.
Esme acarició a su hijo suavemente mientras éste sollozaba audiblemente. Debió de pasar muchísimo tiempo antes de que ambos pudieran recuperarse de la emoción. Cuando Emmett se calmó su madre le secó las lágrimas y lo besó en la frente.
- Te amo hijo, no importa si no eres el heredero, eres mi hijo y eso es más que suficiente. – Esme le aseguró – en cuanto al compromiso con Tanya, no tienes que firmarlo sino quieres.
- Gracias mamá – Emmett le sonrió a su madre y la abrazó.
Mientras Emmett se alejaba de ahí pensaba en lo que su madre la había dicho, ella había demostrado que lo amaba y por lo que su padre le había dicho, ahora creía que en verdad su hermano estaba arrepentido de haberlo abandonado.
El terror creció en Emmett, mientras se aproximaba a la habitación de su hermano, no importaba si no podía ser rey, ya vería la forma en que él y Rosalie pudieran estar juntos sin afectar a su hermano. Ahora lo que necesitaba era comprobar que su hermano siguiera vivo, sino jamás encontraría paz en este mundo.
- Emmett, ven un momento conmigo al estudio – Carlisle llamó a su hijo
"No por favor, ahora no, tengo que ver a Edward" pensaba Emmett desesperado.
Emmett se dio la vuelta y siguió a su padre al estudio, Carlisle lo invitó a pasar primero y una vez que Emmett estuvo dentro, Carlisle cerró la puerta. Emmett gruñó enojado, no tenía tiempo para los juegos de su padre, tenía que encontrar a Edward.
Se dio la vuelta y su corazón dio un brinco.
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¡HOla a todos! Aqui les dejo otro emocionante capítulo ¿no lo creen? ¿les gustó la manera en que Bella evitó que Edward bebiera el veneno? ¿Qué tal Esme?
XOXO
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Los Reyes Cullen
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sábado, 2 de octubre de 2010
Los Reyes Cullen
11:55 | Publicado por
krlitalabeba |
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Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Dayan Hale.
Alice se despertó a la mañana siguiente y lo primero que vio al abrir los ojos, fueron los ojos azules más hermosos que ella había visto. Sonrió completamente feliz y los labios de Jasper capturaron los suyos en un beso ferviente y cariñoso.
- Buenos días mi amor – Jasper le dijo a Alice y ella casi llora de la emoción
- Buenos días – respondió ella mientras recargaba su cabeza en el pecho de él. – Que noche más maravillosa.
Jasper besó su cabeza y no pudo evitar estar de acuerdo. Esa noche Jasper y Alice se habían entregado por fin el uno al otro. Se habían entregado al amor.
- Me tengo que ir – le dijo Jasper a Alice besándola en la frente.
- No, no te vayas – Alice apretó aún más su abrazo – eres mío, no te dejo.
Jasper rió exultante y besó a su princesa en los labios.
- Tengo que irme ¿qué pensará Bella si va a mi habitación y ve que no pasé la noche ahí? ¿y si nos descubre aquí, así?
- No le importará – insistió Alice y Jasper rió.
- Te prometo que subiré pronto – Jasper la besó nuevamente y se paró de la cama.
Mientras él se vestía, Alice suspiró de dicha hoy era una mujer, una verdadera mujer completamente enamorada. Miró a Jasper mientras él se vestía y se maravilló de que ese hombre, alto, fuerte, guapo y encantador fuera suyo.
Jasper terminó de vestirse y volteó a ver a su prometida, estaba cubierta por una sábana y sus ojos brillaban más que de costumbre. Ella le abrió los brazos y él fue a abrazarla. Ahora ya no podía estar sin ella, no quería imaginar su vida sin ella. Besó sus labios una docena de veces más antes de que pudiera salir de su habitación.
Al llegar a su habitación se tiró en la cama y se quedó contemplando el techo con una sonrisa radiante en su rostro. Ahora era otra persona, ahora podía mirar al pasado y darse cuenta de que había sido una persona fría, indiferente y hasta un punto cruel. Mientras esos recuerdos venían a su memoria, Jasper se dio cuenta de que Alice era lo mejor que le pudo haber pasado en esta vida, ella le había enseñado que tenía un corazón y que hay cosas más importantes que el poder, y esa lección quedaría grabada a fuego en su corazón.
Rosalie se levantó por la mañana sin querer salir de su cama, se sentía mareada, tenía náuseas y le dolía la cabeza. Pero a pesar de ello, se sintió la mujer más afortunada del mundo pues llevaba en su seno un bebé, un hijo que había sido concebido gracias al amor que Emmett sentía por ella y ella por él.
- Buenos días su alteza – llegó su sirvienta tocando la puerta suavemente - ¿se le ofrece algo?
- No, retírate y ven más tarde – Rosalie le respondió acurrucándose nuevamente en la cama.
- Sí, su alteza – la chica cerró la puerta y se fue.
Como las náuseas no se le pasaban, salió de la cama, se puso una bata y salió a su pequeño balcón. Quizá el aire fresco le sentara mejor, se quedó ahí parada, mirando como los rayos de sol iluminaban poco a poco los campos.
Las náuseas fueron desapareciendo poco a poco hasta que al fin se esfumaron. Rosalie siguió con la mirada perdida en el horizonte. Unos fuertes brazos la abrazaron por detrás y dos manos quedaron apretadas suavemente sobre su vientre.
Rosalie se recargó por completo en el cuerpo que estaba tras ella y Emmett besó su cuello dulcemente.
- Las vistas desde aquí son hermosas – Rosalie comentó mientras Emmett seguía besando su cuello hasta llegar a sus mejillas.
- La mía es aún mejor – respondió él mirándola a los ojos y ella lo besó. - ¿cómo te sientes?
- Mejor, pero las náuseas matutinas son simplemente terribles – Rosalie respondió.
Emmett y Rosalie se quedaron abrazados largo rato mirando por el balcón, ella acariciaba los brazos que la rodeaban mientras Emmett aspiraba el dulce olor de sus cabellos.
Esos últimos días Emmett había notado el cambio en Rosalie, su vientre aún seguía plano, pero sus ojos brillaban más que de costumbre y su piel tenía un ligero brillo propio de una mujer embarazada. Y más que nada, Emmett notaba la alegría en Rosalie, la ternura, y el amor.
Pero a pesar de que le encantaba verla tan feliz había algo que a Emmett le preocupaba, nada tenía que ver con Tanya y su amenaza, era un miedo aún mayor. Era el miedo a perder a Rosalie, el miedo de que ella muriera en el parto. Su dicha de saber que dentro de algunos meses sería padre lo abrumaba y estaba muy emocionado. Pero no podía dejar de pensar que Rosalie podría morir en los trabajos de parto. Y eso simplemente acabaría con él.
- ¿por qué te quedaste tan pensativo? – Rosalie se volteó en el círculo de los brazos y acarició sus mejillas.
- No es nada – mintió él besándola pasionalmente con la esperanza de que ella olvidara su preocupación.
- Emmett dime que te pasa – Rosalie insistió. – tienes algo y no me lo puedes ocultar, dime por favor.
- Quiero que sepas antes que nada que me siento el hombre más feliz del mundo por saber que dentro de ti está creciendo un hijo, nuestro hijo – él comenzó a decir – pero me he puesto a pensar y me…me aterra pensar en que puedo perderte en el parto.
Rosalie miró dentro de los profundos ojos grises de Emmett y suavemente llevó la cabeza de él hacia la de ella y lo besó con todo el amor que sentía por él.
- Yo te prometo…no…te juro que no me perderás, ni a mí, ni a nuestro hijo – Rosalie le dijo fervientemente – Emmett soy una mujer fuerte y estoy segura de que todo saldrá bien.
- Claro que estarás bien – Emmett la abrazó – yo no dejaré que nada te pase – Rosalie se separó de él e hizo que la mirara a los ojos.
- No te preocupes ¿de acuerdo? – ella volteó nuevamente hacia el balcón – mira el reino Emmett, el reino del que nuestro hijo será rey.
Y ambos se quedaron nuevamente abrazados por un largo y delicioso momento. Gozando un futuro, que aún era incierto.
Mientras tanto, una joven sirvienta recogía la habitación de uno de los príncipes. Bella estaba en la habitación de Emmett haciendo la cama y recogiendo la ropa tirada en el suelo. Al trabajar, evitaba pensar en otras cosas, más específicamente, evitaba pensar en el príncipe Edward.
Fue a la habitación del príncipe Jasper, él estaba acostado en la cama (que Bella no pasó por alto que no había sido ocupada esa noche) con los brazos cruzados detrás de la nuca y una brillante sonrisa en sus labios.
- Buenos días alteza – saludó Bella
- Buenos días Bella – respondió él sonriéndole.
- Se le ve muy feliz esta mañana – comentó Bella mientras recogía la ropa tirada en el suelo.
- Lo estoy, Bella, lo estoy – asintió el príncipe.
- Me da gusto – Bella dijo y comenzó a recoger la habitación.
Durante los diez años que había servido en el palacio, jamás había envidiado a nadie, pero en ese momento no pudo evitar envidiar a Alice, ella era una princesa que afortunadamente había sido comprometida con un hombre que la amaba. Sólo en ese breve instante, Bella deseó poder pertenecer a la realeza, porque así podría casarse con el hombre que amaba.
Pero sus ilusiones se rompieron en mil pedazos, pues su amado príncipe estaba enamorado de otra princesa, una princesa que en esos mismos momentos, planeaba matarlo. Con este recuerdo Bella se apuró para ir a la habitación del príncipe Edward. Él ya no estaba y Bella no encontró ni rastro de la botella de vino que Rosalie le daría con el veneno.
Alzó la jarra con la esperanza de ver una nota.
Amar sin ser correspondido debe de ser fatal ¿no lo crees? Dar todo por la persona que amas y no ser correspondido…no sé como expresarlo con las palabras correctas. E
Bella cerró la nota, incapaz de contener las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos. Si el príncipe supiera que ella y él padecían del mismo problema. Ella moría por él y él creía en un amor que simplemente no existía.
Tomó la pluma y la tinta del escritorio del príncipe y contestó la nota, dejándola debajo de la jarra. Y como ya se le había hecho costumbre, mientras hacía la cama rememoraba esos momentos en los que ella había sido la mujer entre los brazos de Edward. Esos momentos en lo que ella había sido amada por él.
Mientras tanto, Edward estaba con su padre en el campo de entrenamiento. Ambos estaban practicando con la espada, pero Edward no estaba en sus cinco sentidos, cosa que su padre no pasó por alto.
- Si fuera una batalla ya estarías muerto – Carlisle dijo clavando su espada en el pasto. - ¿qué te ocurre?
- No sé, últimamente he estado pensando muchas cosas – respondió Edward haciendo lo mismo que su padre.
- ¿Bella otra vez?
Edward rió y asintió.
- Es que ella me hizo darme cuenta de que ya no conozco a mis hermanos – Edward le comentó a su padre – me enfoqué tanto en mis estudios, en ser buen príncipe, un buen heredero, que descuidé mi relación con mis hermanos. Antes solía hacer todo con Emmett, siempre estábamos juntos…ahora ya no me dirige la palabra – terminó Edward triste.
- ¿Y qué piensas hacer al respecto?
- No lo sé, quiero volver a contar con Emmett, quiero volver a esos días en que nos guardábamos las espaldas el uno al otro, quiero tenerlo a mi lado como lo estuvo cuando éramos niños – le respondió Edward.
Carlisle sonrió y abrazó a su hijo.
- Eso es lo que estaba esperando de ti hijo mío, que tú mismo abrieras los ojos y te dieras cuenta que ser un buen rey no es lo más importante – Carlisle le dijo – lo mejor que puede hacer un rey, es mantener buenas relaciones con todo mundo y estoy muy orgulloso de ti
- Gracias papá
- En cuanto a Emmett, yo hablaré con él, estoy seguro que podré hacerlo entrar en razón.
- Eso espero papá, yo lo único que quiero es decirle que lo lamento y que quiero que volvamos a estar unidos.
Después de hablar con su padre, Edward fue a su habitación. Un baño caliente ya lo esperaba así que se metió a la tina y cerró los ojos. Al salir de la bañera se vistió y fue hasta su cama. Alzó la jarra y vio la contestación de Bella.
Amar sin ser correspondido es el peor de los infiernos, pero no importa si la persona que amas es feliz, sólo con esa seguridad puedes soportar el infierno con más facilidad. B
Esta respuesta dejó a Edward sin palabras, esa respuesta sólo podría venir de una persona que está viviendo en esa situación. Bella entró a la habitación en ese preciso momento.
- Buenos días…Edward
- Buenos días Bella
Bella vio que el príncipe estaba leyendo su respuesta y respiró profundamente, no iba a dejar que el príncipe sospechara de sus sentimientos hacia él.
- ¿así que crees que si la persona que amas es feliz, vale la pena sufrir?
- Lo que yo pienso es que si yo amara a una persona y esa persona fuera feliz con otra, yo sería feliz porque aquel a quien amo lo es – replicó Bella.
- Muy altruista ¿no lo crees?
- ¿Qué…qué harías tú si te enteraras que Rosalie ama…a otra persona? – le preguntó Bella temerosamente – sólo imagínatelo.
- No lo sé, me destrozaría – respondió Edward tras unos segundos de reflexión – pero probablemente haría lo que tú, no me gustaría que ella estuviera conmigo si no me amara.
Bella se quedó callada, se preguntó si debería decirle la verdad o no. Tocaron la puerta y eso la hizo decidir, se fue a su habitación.
Edward vio como Bella regresaba a su habitación y la puerta de su habitación se abrió.
- Buenos días – Rosalie se asomó con una sonrisa en los labios.
- Buenos días Rose – Ella se acercó y lo besó. Pero por alguna extraña razón, Edward ya no sintió lo mismo que antes.
- ¿Qué tienes?
- Nada, solo pensaba – respondió Edward.
- Pues ya no pienses tanto – le dijo Rosalie riendo y lo volvió a besar.
Emmett estaba caminando por los jardines cuando vio a Tanya sentada en una banca con su madre.
- Emmett cariño – lo llamó su madre. "no por favor" pensó Emmett
- Buenos días – saludó a ambas mujeres.
- Hijo, yo me preguntaba si tú y Tanya han hablado del compromiso – Esme comenzó a decir
Emmett miró a Tanya y ella lo veía a él con suficiencia. Ella creía que ya había ganado, pero él y Rosalie aún tenían una carta que jugar.
- No madre – respondió él
- Pues deberían hacerlo, es más, me voy y los dejo platicar – Esme se levantó de su lugar y se fue.
Emmett esperó hasta que su madre se hubiera alejado lo suficiente como para que no los escuchara.
- ¿Ya decidieron que van a hacer? – Tanya preguntó.
- Sí, voy a aceptar el compromiso – Emmett dijo y Tanya sonrió – pero…no lo firmaré hasta que vea que tú no vas a decir nada
- Como tú decidas príncipe, al fin y al cabo, es el honor de Rosalie lo que está en juego, no el mío – Tanya dijo con malas intenciones y besó a Emmett en los labios – te veo después.
Emmett vio como Tanya se alejaba de ahí.
- Aún no ganas la guerra Tanya – murmuró y regresó a su habitación poco después.
Capítulo 14.
Alice se despertó a la mañana siguiente y lo primero que vio al abrir los ojos, fueron los ojos azules más hermosos que ella había visto. Sonrió completamente feliz y los labios de Jasper capturaron los suyos en un beso ferviente y cariñoso.
- Buenos días mi amor – Jasper le dijo a Alice y ella casi llora de la emoción
- Buenos días – respondió ella mientras recargaba su cabeza en el pecho de él. – Que noche más maravillosa.
Jasper besó su cabeza y no pudo evitar estar de acuerdo. Esa noche Jasper y Alice se habían entregado por fin el uno al otro. Se habían entregado al amor.
- Me tengo que ir – le dijo Jasper a Alice besándola en la frente.
- No, no te vayas – Alice apretó aún más su abrazo – eres mío, no te dejo.
Jasper rió exultante y besó a su princesa en los labios.
- Tengo que irme ¿qué pensará Bella si va a mi habitación y ve que no pasé la noche ahí? ¿y si nos descubre aquí, así?
- No le importará – insistió Alice y Jasper rió.
- Te prometo que subiré pronto – Jasper la besó nuevamente y se paró de la cama.
Mientras él se vestía, Alice suspiró de dicha hoy era una mujer, una verdadera mujer completamente enamorada. Miró a Jasper mientras él se vestía y se maravilló de que ese hombre, alto, fuerte, guapo y encantador fuera suyo.
Jasper terminó de vestirse y volteó a ver a su prometida, estaba cubierta por una sábana y sus ojos brillaban más que de costumbre. Ella le abrió los brazos y él fue a abrazarla. Ahora ya no podía estar sin ella, no quería imaginar su vida sin ella. Besó sus labios una docena de veces más antes de que pudiera salir de su habitación.
Al llegar a su habitación se tiró en la cama y se quedó contemplando el techo con una sonrisa radiante en su rostro. Ahora era otra persona, ahora podía mirar al pasado y darse cuenta de que había sido una persona fría, indiferente y hasta un punto cruel. Mientras esos recuerdos venían a su memoria, Jasper se dio cuenta de que Alice era lo mejor que le pudo haber pasado en esta vida, ella le había enseñado que tenía un corazón y que hay cosas más importantes que el poder, y esa lección quedaría grabada a fuego en su corazón.
Rosalie se levantó por la mañana sin querer salir de su cama, se sentía mareada, tenía náuseas y le dolía la cabeza. Pero a pesar de ello, se sintió la mujer más afortunada del mundo pues llevaba en su seno un bebé, un hijo que había sido concebido gracias al amor que Emmett sentía por ella y ella por él.
- Buenos días su alteza – llegó su sirvienta tocando la puerta suavemente - ¿se le ofrece algo?
- No, retírate y ven más tarde – Rosalie le respondió acurrucándose nuevamente en la cama.
- Sí, su alteza – la chica cerró la puerta y se fue.
Como las náuseas no se le pasaban, salió de la cama, se puso una bata y salió a su pequeño balcón. Quizá el aire fresco le sentara mejor, se quedó ahí parada, mirando como los rayos de sol iluminaban poco a poco los campos.
Las náuseas fueron desapareciendo poco a poco hasta que al fin se esfumaron. Rosalie siguió con la mirada perdida en el horizonte. Unos fuertes brazos la abrazaron por detrás y dos manos quedaron apretadas suavemente sobre su vientre.
Rosalie se recargó por completo en el cuerpo que estaba tras ella y Emmett besó su cuello dulcemente.
- Las vistas desde aquí son hermosas – Rosalie comentó mientras Emmett seguía besando su cuello hasta llegar a sus mejillas.
- La mía es aún mejor – respondió él mirándola a los ojos y ella lo besó. - ¿cómo te sientes?
- Mejor, pero las náuseas matutinas son simplemente terribles – Rosalie respondió.
Emmett y Rosalie se quedaron abrazados largo rato mirando por el balcón, ella acariciaba los brazos que la rodeaban mientras Emmett aspiraba el dulce olor de sus cabellos.
Esos últimos días Emmett había notado el cambio en Rosalie, su vientre aún seguía plano, pero sus ojos brillaban más que de costumbre y su piel tenía un ligero brillo propio de una mujer embarazada. Y más que nada, Emmett notaba la alegría en Rosalie, la ternura, y el amor.
Pero a pesar de que le encantaba verla tan feliz había algo que a Emmett le preocupaba, nada tenía que ver con Tanya y su amenaza, era un miedo aún mayor. Era el miedo a perder a Rosalie, el miedo de que ella muriera en el parto. Su dicha de saber que dentro de algunos meses sería padre lo abrumaba y estaba muy emocionado. Pero no podía dejar de pensar que Rosalie podría morir en los trabajos de parto. Y eso simplemente acabaría con él.
- ¿por qué te quedaste tan pensativo? – Rosalie se volteó en el círculo de los brazos y acarició sus mejillas.
- No es nada – mintió él besándola pasionalmente con la esperanza de que ella olvidara su preocupación.
- Emmett dime que te pasa – Rosalie insistió. – tienes algo y no me lo puedes ocultar, dime por favor.
- Quiero que sepas antes que nada que me siento el hombre más feliz del mundo por saber que dentro de ti está creciendo un hijo, nuestro hijo – él comenzó a decir – pero me he puesto a pensar y me…me aterra pensar en que puedo perderte en el parto.
Rosalie miró dentro de los profundos ojos grises de Emmett y suavemente llevó la cabeza de él hacia la de ella y lo besó con todo el amor que sentía por él.
- Yo te prometo…no…te juro que no me perderás, ni a mí, ni a nuestro hijo – Rosalie le dijo fervientemente – Emmett soy una mujer fuerte y estoy segura de que todo saldrá bien.
- Claro que estarás bien – Emmett la abrazó – yo no dejaré que nada te pase – Rosalie se separó de él e hizo que la mirara a los ojos.
- No te preocupes ¿de acuerdo? – ella volteó nuevamente hacia el balcón – mira el reino Emmett, el reino del que nuestro hijo será rey.
Y ambos se quedaron nuevamente abrazados por un largo y delicioso momento. Gozando un futuro, que aún era incierto.
Mientras tanto, una joven sirvienta recogía la habitación de uno de los príncipes. Bella estaba en la habitación de Emmett haciendo la cama y recogiendo la ropa tirada en el suelo. Al trabajar, evitaba pensar en otras cosas, más específicamente, evitaba pensar en el príncipe Edward.
Fue a la habitación del príncipe Jasper, él estaba acostado en la cama (que Bella no pasó por alto que no había sido ocupada esa noche) con los brazos cruzados detrás de la nuca y una brillante sonrisa en sus labios.
- Buenos días alteza – saludó Bella
- Buenos días Bella – respondió él sonriéndole.
- Se le ve muy feliz esta mañana – comentó Bella mientras recogía la ropa tirada en el suelo.
- Lo estoy, Bella, lo estoy – asintió el príncipe.
- Me da gusto – Bella dijo y comenzó a recoger la habitación.
Durante los diez años que había servido en el palacio, jamás había envidiado a nadie, pero en ese momento no pudo evitar envidiar a Alice, ella era una princesa que afortunadamente había sido comprometida con un hombre que la amaba. Sólo en ese breve instante, Bella deseó poder pertenecer a la realeza, porque así podría casarse con el hombre que amaba.
Pero sus ilusiones se rompieron en mil pedazos, pues su amado príncipe estaba enamorado de otra princesa, una princesa que en esos mismos momentos, planeaba matarlo. Con este recuerdo Bella se apuró para ir a la habitación del príncipe Edward. Él ya no estaba y Bella no encontró ni rastro de la botella de vino que Rosalie le daría con el veneno.
Alzó la jarra con la esperanza de ver una nota.
Amar sin ser correspondido debe de ser fatal ¿no lo crees? Dar todo por la persona que amas y no ser correspondido…no sé como expresarlo con las palabras correctas. E
Bella cerró la nota, incapaz de contener las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos. Si el príncipe supiera que ella y él padecían del mismo problema. Ella moría por él y él creía en un amor que simplemente no existía.
Tomó la pluma y la tinta del escritorio del príncipe y contestó la nota, dejándola debajo de la jarra. Y como ya se le había hecho costumbre, mientras hacía la cama rememoraba esos momentos en los que ella había sido la mujer entre los brazos de Edward. Esos momentos en lo que ella había sido amada por él.
Mientras tanto, Edward estaba con su padre en el campo de entrenamiento. Ambos estaban practicando con la espada, pero Edward no estaba en sus cinco sentidos, cosa que su padre no pasó por alto.
- Si fuera una batalla ya estarías muerto – Carlisle dijo clavando su espada en el pasto. - ¿qué te ocurre?
- No sé, últimamente he estado pensando muchas cosas – respondió Edward haciendo lo mismo que su padre.
- ¿Bella otra vez?
Edward rió y asintió.
- Es que ella me hizo darme cuenta de que ya no conozco a mis hermanos – Edward le comentó a su padre – me enfoqué tanto en mis estudios, en ser buen príncipe, un buen heredero, que descuidé mi relación con mis hermanos. Antes solía hacer todo con Emmett, siempre estábamos juntos…ahora ya no me dirige la palabra – terminó Edward triste.
- ¿Y qué piensas hacer al respecto?
- No lo sé, quiero volver a contar con Emmett, quiero volver a esos días en que nos guardábamos las espaldas el uno al otro, quiero tenerlo a mi lado como lo estuvo cuando éramos niños – le respondió Edward.
Carlisle sonrió y abrazó a su hijo.
- Eso es lo que estaba esperando de ti hijo mío, que tú mismo abrieras los ojos y te dieras cuenta que ser un buen rey no es lo más importante – Carlisle le dijo – lo mejor que puede hacer un rey, es mantener buenas relaciones con todo mundo y estoy muy orgulloso de ti
- Gracias papá
- En cuanto a Emmett, yo hablaré con él, estoy seguro que podré hacerlo entrar en razón.
- Eso espero papá, yo lo único que quiero es decirle que lo lamento y que quiero que volvamos a estar unidos.
Después de hablar con su padre, Edward fue a su habitación. Un baño caliente ya lo esperaba así que se metió a la tina y cerró los ojos. Al salir de la bañera se vistió y fue hasta su cama. Alzó la jarra y vio la contestación de Bella.
Amar sin ser correspondido es el peor de los infiernos, pero no importa si la persona que amas es feliz, sólo con esa seguridad puedes soportar el infierno con más facilidad. B
Esta respuesta dejó a Edward sin palabras, esa respuesta sólo podría venir de una persona que está viviendo en esa situación. Bella entró a la habitación en ese preciso momento.
- Buenos días…Edward
- Buenos días Bella
Bella vio que el príncipe estaba leyendo su respuesta y respiró profundamente, no iba a dejar que el príncipe sospechara de sus sentimientos hacia él.
- ¿así que crees que si la persona que amas es feliz, vale la pena sufrir?
- Lo que yo pienso es que si yo amara a una persona y esa persona fuera feliz con otra, yo sería feliz porque aquel a quien amo lo es – replicó Bella.
- Muy altruista ¿no lo crees?
- ¿Qué…qué harías tú si te enteraras que Rosalie ama…a otra persona? – le preguntó Bella temerosamente – sólo imagínatelo.
- No lo sé, me destrozaría – respondió Edward tras unos segundos de reflexión – pero probablemente haría lo que tú, no me gustaría que ella estuviera conmigo si no me amara.
Bella se quedó callada, se preguntó si debería decirle la verdad o no. Tocaron la puerta y eso la hizo decidir, se fue a su habitación.
Edward vio como Bella regresaba a su habitación y la puerta de su habitación se abrió.
- Buenos días – Rosalie se asomó con una sonrisa en los labios.
- Buenos días Rose – Ella se acercó y lo besó. Pero por alguna extraña razón, Edward ya no sintió lo mismo que antes.
- ¿Qué tienes?
- Nada, solo pensaba – respondió Edward.
- Pues ya no pienses tanto – le dijo Rosalie riendo y lo volvió a besar.
Emmett estaba caminando por los jardines cuando vio a Tanya sentada en una banca con su madre.
- Emmett cariño – lo llamó su madre. "no por favor" pensó Emmett
- Buenos días – saludó a ambas mujeres.
- Hijo, yo me preguntaba si tú y Tanya han hablado del compromiso – Esme comenzó a decir
Emmett miró a Tanya y ella lo veía a él con suficiencia. Ella creía que ya había ganado, pero él y Rosalie aún tenían una carta que jugar.
- No madre – respondió él
- Pues deberían hacerlo, es más, me voy y los dejo platicar – Esme se levantó de su lugar y se fue.
Emmett esperó hasta que su madre se hubiera alejado lo suficiente como para que no los escuchara.
- ¿Ya decidieron que van a hacer? – Tanya preguntó.
- Sí, voy a aceptar el compromiso – Emmett dijo y Tanya sonrió – pero…no lo firmaré hasta que vea que tú no vas a decir nada
- Como tú decidas príncipe, al fin y al cabo, es el honor de Rosalie lo que está en juego, no el mío – Tanya dijo con malas intenciones y besó a Emmett en los labios – te veo después.
Emmett vio como Tanya se alejaba de ahí.
- Aún no ganas la guerra Tanya – murmuró y regresó a su habitación poco después.
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¡Hoola a todos! ¿Qué tal el capítulo? algo tarde, pero espero que les haya gustado...Y la verdad que esta intenso =) que pasara con bells???
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Los Reyes Cullen
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miércoles, 22 de septiembre de 2010
Los Reyes Cullen
12:01 | Publicado por
krlitalabeba |
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Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Dayan Hale.
Rosalie y Emmett se separaron rápidamente y miraron a Tanya. Ella estaba ahí recargada en la puerta y los veía con malicia.
- ¿No qué no eras amante de Emmett, Rosalie? – Tanya entró con una cara de triunfo – Te dije que iba a descubrir quién era tu amante Emmett, y lo hice.
Ninguno de los dos sabía qué hacer o qué decir. Rosalie tomó la mano de Emmett y la apretó con fuerza.
- ¿Y qué harás Tanya? – Emmett preguntó.
- Haré que firmes el compromiso – respondió Tanya.
- Jamás – replicó Emmett firmemente.
- Entonces estás firmando su sentencia de muerte – Tanya dijo con despreocupación sentándose en la cama – o al menos la de ella, porque como sabes príncipe Emmett, esto es traición.
Los dos se quedaron callados, lo que decía Tanya era bien cierto, y no sólo eso si se enteraban que Rosalie estaba embarazada sin haberse casado, el problema sería peor.
- Piensa en su bien Emmett, si tanto dices amar a Rosalie acepta el compromiso, mientras más pronto mejor – Tanya le dijo a Emmett.
- ¿Por qué lo dices? – Rosalie le preguntó molesta.
- Porque también sé que estás embarazada Rosalie
Esa sí no se la esperaban. Tanya estaba que no cabía en sí del gozo, había ganado la batalla y la guerra. Emmett se casaría con ella, no importaba que él no la amara, le había demostrado a Rosalie que cuando quería una cosa, la conseguía.
- Piénsalo Rosalie, mientras más pronto Emmett acepte el compromiso, más pronto te casarás con Edward y así podrás decir que el hijo que esperas es de él y no de Emmett, así aseguras la vida de los tres.
Rosalie se quedó pensando en las palabras que Tanya le decía, todo era muy cierto. Y por más que odiaba admitirlo, Tanya tenía razón. Se tocó involuntariamente el vientre, jamás, jamás pondría en peligro la vida de su bebé. Haría todo lo que fuera para que naciera. Aunque eso implicara separarse por completo de Emmett.
Emmett por su lado también pensaba en las cosas que Tanya había dicho y él tampoco dejaría que Rosalie y el bebé murieran, no lo permitiría. Primero él daría su vida.
- Los dejo para que lo piensen y lo discutan juntos – Tanya se paró y caminó hasta la puerta – buenas noches.
Nada más salió Tanya y Emmett y Rosalie se abrazaron fuertemente. Ella comenzó a llorar y él le besó el cabello intentando tranquilizarla.
- Tienes que aceptar Emmett – Rosalie lo miró con sus ojos llenos de lágrimas. – sólo así el bebé estará bien.
- ¿Pero qué hay de nosotros? Rose, yo te amo – Emmett secó las lágrimas de las pestañas de Rosalie.
- Y yo a ti, pero no nos queda opción – Rosalie le respondió.
- Claro que la hay – le dijo Emmett.
Y justo en ese momento, Bella iba a entrar a la habitación pero se quedó escuchando lo que Emmett y Rosalie decían.
- El otro día fui al pueblo disfrazado y me dieron esto – Emmett dijo sacando un pequeño frasco.
- ¿Qué es eso?
- Un veneno muy poderoso – respondió Emmett – y tú se lo darás a Edward.
Bella se tapó la boca para sofocar un grito. No podía ser cierto.
- ¿Cómo? – preguntó Rosalie.
- Ponlo en una botella de vino y déjasela a Edward en su mesa de noche – Emmett le respondió a Rosalie.
- Bien, lo haré – Bella oyó como se besaban – te amo.
- Te amo.
La puerta se abrió y Rosalie salió de ahí. Bella cerró la otra puerta silenciosamente y regresó a su habitación, las lágrimas corrían por sus mejillas pues no podía creer lo que acababa de oír.
Rosalie y Emmett intentarían matar a Edward y Bella debía hacer lo que estuviera a su mano para evitarlo, no importaba el precio, si ella debía tomar el vino para que Edward le creyera, lo haría.
Pero mientras todas estas intrigas eran planeadas, Jasper estaba en su habitación acostado en la cama con los brazos cruzados detrás de su nuca. Miraba el techo con gesto ausente y su mente volaba dispersa.
Toda su concentración se enfocaba en Alice, ya no podía dejar de pensar en ella, simplemente se había convertido en su mundo, su todo, ya no podía permanecer lejos de ella. No tenía la voluntad para estar lejos.
El poder, la riqueza, ya nada de eso importaba. Su corazón palpitaba fuertemente, sentía que su pecho no podría contenerlo. Quería reír, gritar, correr, saltar, gritar a los cuatro vientos que amaba a Alice.
"Díselo" una parte de su conciencia lo apuraba. Y por primera vez en mucho tiempo, siguió la orden que su corazón le dictaba.
Alice ya estaba a punto de acostarse cuando llamaron a su puerta.
- Adelante – dijo en voz alta mientras comenzaba a cepillarse su cabello.
- Hola – la voz de Jasper la hizo voltear completamente atónita. – perdón, sé que es muy tarde pero quería hablar contigo.
- Claro – respondió Alice.
- ¿Te importaría si saliéramos al jardín?
- No, por supuesto que no
Alice se puso una bata y ambos salieron silenciosos del castillo. Alice venía caminando del brazo de Jasper y se enfocaba en controlar su respiración y su agitado corazón. ¿A qué la sacaría Jasper tan tarde? No quería ni imaginárselo.
Jasper caminaba al lado de Alice pensando en como decirle lo que había decidido, pero las palabras simplemente se escapaban.
Llegaron a una pequeña banca y Alice se sentó con Jasper a su lado.
- Bueno ¿y de qué quieres hablar que me tienes que sacar del palacio? – Alice intentó que su voz sonara lo más relajada posible - ¿cometiste algún asesinato? ¿Robaste las joyas de mi madre? ¿te…?
Alice ya no pudo seguir porque los labios de Jasper habían silenciado los suyos con un suave beso que la dejó completamente pasmada. Alice cerró los ojos y correspondió al beso rodeando el cuello de Jasper con los dos brazos.
Jasper sentó a Alice en su regazo sin separar por un momento sus labios de los de ella. Acarició sus cabellos y disfrutó sintiendo las manos de su princesa recargadas en su pecho.
Cuando terminaron el beso, Jasper tomó las manos de Alice entre las suyas, miró sus dedos entrelazados y deseó que sus almas estuvieras siempre igual de entrelazadas.
- Te amo Alice, eso es lo que quería decirte – Jasper le dijo a la princesa.
Ella no podía con la sorpresa y bajó la cabeza. Jasper la acunó contra su pecho y le acarició el cabello mientras reposaba su mejilla contra la cabeza de ella.
- No sé como pude dudarlo ni un instante, esa mañana, el día que intenté alejarme de ti, tu padre me dijo que estaba enamorado de ti y yo no quería creerlo, no podía creerlo así que intenté convencerme de que no te amaba – Jasper le contó – pero ese día que te fui a buscar y te encontré con la flecha clavada, creí que mi mundo se acabaría, esos dos días que estuviste inconsciente fueron un infierno para mí, no, no quería imaginar mi vida sin ti – Jasper alzó la cara de Alice – porque tú eres la luz de mi vida, el motivo por el cual yo quiero seguir viviendo – los ojos de Alice se llenaron de lágrimas – tú eres mi todo Alice, tú me enseñaste a reír, a llorar, me enseñaste a sentir, a amar. Me enseñaste que lo más valioso que tenemos es el amor, no el poder ni las riquezas. Tú eres mi tesoro más preciado.
Alice no podía creer lo que Jasper le estaba diciendo y se echó a llorar en el hombro de él. Jasper se sorprendió por la reacción de su prometida, pero la mantuvo abrazada y la consoló por esos momentos.
- ¿Por qué lloras así Alice? – preguntó Jasper.
- Porque nadie jamás me había dicho unas palabras tan hermosas – ella respondió y él sonrió – y porque yo no merezco tu amor.
- ¿Por qué lo dices? ¿acaso tú asesinaste a alguien? – Jasper le dijo de broma.
- No, Jasper yo…yo…no tengo nada que ofrecerte – le dijo Alice desconsolada.
Jasper la abrazó aún más fuerte y la besó en la frente.
- ¿Me amas?
- Claro que te amo – le dijo ella mirándolo a los ojos.
- Entonces eso es lo más valioso que me puedes ofrecer: tu amor – Jasper besó sus labios suavemente – no puedo pedir nada más.
- Jasper hay algo que tengo que decirte y probablemente después de que te enteres ya no me amarás. – Jasper le puso un dedo en los labios.
- No habrá nada, nunca, que me haga dejar de amarte – Jasper le dijo seriamente – ahora dime lo que tengas que decirme.
- Yo…yo…yo ya no soy virgen Jasper – Ella le dijo muy avergonzada – perdí mi virginidad el día de la fiesta en el que las princesas españolas llegaron, yo bebí de más y…y no puedo recordar siquiera con quien me acosté.
Jasper no dijo nada y se sintió muy mal por la princesa, él sabía eso. Él había planeado esa mala experiencia por la que Alice pasó. Jasper hizo que ella lo mirara a los ojos.
- ¿no recuerdas nada, absolutamente nada? – le preguntó.
- No – mintió Alice.
- Alice, lo que sea que recuerdes, que nos pueda ayudar a descubrir quien fue, dilo – Jasper le pidió.
- Sólo…sólo recuerdo como…como besó…mi…mi cuello – respondió Alice entre sollozos.
El recuerdo llenó su cabeza, el hombre con el que se había acostado había besado su cuello con sólo sus labios, en línea recta hasta llegar a sus clavículas. Sólo eso podía recordar de aquella noche.
- ¿Cómo? – Jasper se inclinó sobre ella - ¿así?
Jasper comenzó a besar su cuello, exactamente como en su recuerdo.
- Yo fui el hombre con el que te acostaste esa noche Alice – Jasper la miró fijamente. – Al principio, deseaba romper mi compromiso contigo y entre Rosalie y yo ideamos el plan para que te emborracharas y te acostaras con cualquier tipo de la corte – Jasper le confesó a la princesa – pero, al verte esa noche, yo…yo no pude resistirme así que en vez de decirle a cualquier hombre de la corte que se acostara contigo, lo hice yo.
Alice no sabía si aliviarse o preocuparse por esa revelación. Estaba tan abrumada de sentimientos, palabras, confesiones, que en ese momento no podía pensar en nada. Jasper no dijo nada más y se quedó abrazándola todo el tiempo.
Cuando finalmente Alice se calmó, ella alzó su mirada para ver el rostro de Jasper. Le acarició la cara y él besó sus dedos cuando pasaron sobre sus labios.
- ¿Estás enojada conmigo?
- No, me siento mejor ahora que me dijiste la verdad – Alice respondió sinceramente - ¿en serio me amas?
Jasper la miró y se rió exultante.
- Claro que te amo, eres todo lo que me faltaba en esta vida – Jasper acarició sus mejillas – cuando montamos a caballo y cuando practicábamos con el arco tu alegría se volvía la mía, tu entusiasmo se volvía el mío, tu pasión por la vida, era la mía. Te amo mi pequeña y aventurera princesa.
Alice se acercó a los labios de Jasper y se besaron nuevamente.
- Yo también te amo Jasper – Alice lo abrazó y suspiró de dicha.
Cuando comenzó a enfriar ambos decidieron regresar al castillo. Caminaron de la mano hasta la habitación de ella. Una vez dentro, Alice abrazó a Jasper y lo atrajo hacia sí, besándolo y rodeando su cuello con los brazos.
- Alice…
- Bésame Jasper, bésame y hazme el amor como me lo hiciste aquella noche, sólo que ahora házmelo para que pueda recordarlo – Alice le pidió a su príncipe.
Y como siempre, Jasper hizo lo que su princesa le pedía.
Una vez que Bella se compuso de lo que acababa de oír, fue a la habitación de Jasper y la halló vacía. Bella se emocionó al pensar que él estaría con Alice, esperaría al día siguiente para subir a su habitación y preguntarle.
Fue a la habitación de Emmett, pero él ya estaba dormido. Y eso le agradó a Bella, pues no sabía cómo reaccionaría después de lo que acababa de oírle decir. Finalmente, respiró profundamente y fue hasta la habitación de Edward.
- Pasa Bella – oyó la voz del príncipe desde adentro, Bella abrió la puerta.
- Buenas Noches su alteza – saludó Bella.
- Para ti también – el príncipe estaba sentado leyendo, a Bella ya no se le hacía raro verlo leer, sabía que era una de sus pasiones.
- Se lo agradezco ¿se le ofrece algo su alteza? – preguntó Bella.
- Ahora que lo dices, sí, sí necesito algo – Edward le dijo cerrando su libro y poniéndose de pie.
- Dígame su alteza.
- Quiero que me llames por mi nombre, Edward.
Bella se sorprendió. Con Alice, había aceptado porque la pequeña princesa necesitaba una amiga y Bella se había convertido en eso. Pero con el príncipe Edward era otra historia. Ella simplemente no podría decirle así.
Edward le había dado varias vueltas al asunto, y recordó que cuando se acostaron, Bella había suspirado su nombre antes de sucumbir al sueño. Ahora recordaba con claridad ese momento y deseaba oír otra vez su nombre de los labios de ella. Quería oír sólo su nombre, no el título que lo acompañaba.
- Por favor Bella, creo que después de todo lo que hemos compartido – Edward comenzó y Bella lo miró con los ojos completamente abiertos – ya sabes, tus ideas, tus pensamientos, incluso los libros que hemos leído, creo que hemos llegado a ser amigos ¿no lo crees? Y si somos amigos, me gustaría que me llamaras Edward.
- Pero, su alteza yo
…- Edward la interrumpió.
- No eres simplemente una sirvienta Bella – él le dijo – para mí eres algo más y no quiero obligarte a que hagas lo que te estoy pidiendo, quiero que lo hagas porque deseas hacerlo.
Bella quería llorar, ¿su amigo? ¡su amigo! Por Dios, era el hombre por el que daría la vida. Ella lo miró a los ojos ¿se atrevería ella a llamarle Edward?
- Jamás me has obligado a hacer nada que yo no haya querido, Edward – Bella le dijo sinceramente – pero debes de comprender que para mí es difícil considerarte mi amigo, porque soy una sirvienta – Edward ya iba a protestarle pero ella lo detuvo – no intentes negar lo que es cierto, soy una simple sirvienta y los sirvientes no son amigos de la nobleza.
Bella se dio la vuelta porque ya las lágrimas iban a escaparse de sus ojos. "los príncipes no se enamoran de las sirvientas" pensó ella con amargura.
Edward pensó en lo que ella le había dicho "Jamás me has obligado a hacer nada que yo no haya querido" así que se había acostado con él, porque ella lo quiso también. "Los sirvientes no son amigos de la nobleza".
- Bella, tú eres más que una simple sirvienta – Edward le dijo antes de que ella entrara a su pequeña habitación – mucho más que eso – murmuró cuando ella ya no lo escuchaba.
Capítulo 13.
Rosalie y Emmett se separaron rápidamente y miraron a Tanya. Ella estaba ahí recargada en la puerta y los veía con malicia.
- ¿No qué no eras amante de Emmett, Rosalie? – Tanya entró con una cara de triunfo – Te dije que iba a descubrir quién era tu amante Emmett, y lo hice.
Ninguno de los dos sabía qué hacer o qué decir. Rosalie tomó la mano de Emmett y la apretó con fuerza.
- ¿Y qué harás Tanya? – Emmett preguntó.
- Haré que firmes el compromiso – respondió Tanya.
- Jamás – replicó Emmett firmemente.
- Entonces estás firmando su sentencia de muerte – Tanya dijo con despreocupación sentándose en la cama – o al menos la de ella, porque como sabes príncipe Emmett, esto es traición.
Los dos se quedaron callados, lo que decía Tanya era bien cierto, y no sólo eso si se enteraban que Rosalie estaba embarazada sin haberse casado, el problema sería peor.
- Piensa en su bien Emmett, si tanto dices amar a Rosalie acepta el compromiso, mientras más pronto mejor – Tanya le dijo a Emmett.
- ¿Por qué lo dices? – Rosalie le preguntó molesta.
- Porque también sé que estás embarazada Rosalie
Esa sí no se la esperaban. Tanya estaba que no cabía en sí del gozo, había ganado la batalla y la guerra. Emmett se casaría con ella, no importaba que él no la amara, le había demostrado a Rosalie que cuando quería una cosa, la conseguía.
- Piénsalo Rosalie, mientras más pronto Emmett acepte el compromiso, más pronto te casarás con Edward y así podrás decir que el hijo que esperas es de él y no de Emmett, así aseguras la vida de los tres.
Rosalie se quedó pensando en las palabras que Tanya le decía, todo era muy cierto. Y por más que odiaba admitirlo, Tanya tenía razón. Se tocó involuntariamente el vientre, jamás, jamás pondría en peligro la vida de su bebé. Haría todo lo que fuera para que naciera. Aunque eso implicara separarse por completo de Emmett.
Emmett por su lado también pensaba en las cosas que Tanya había dicho y él tampoco dejaría que Rosalie y el bebé murieran, no lo permitiría. Primero él daría su vida.
- Los dejo para que lo piensen y lo discutan juntos – Tanya se paró y caminó hasta la puerta – buenas noches.
Nada más salió Tanya y Emmett y Rosalie se abrazaron fuertemente. Ella comenzó a llorar y él le besó el cabello intentando tranquilizarla.
- Tienes que aceptar Emmett – Rosalie lo miró con sus ojos llenos de lágrimas. – sólo así el bebé estará bien.
- ¿Pero qué hay de nosotros? Rose, yo te amo – Emmett secó las lágrimas de las pestañas de Rosalie.
- Y yo a ti, pero no nos queda opción – Rosalie le respondió.
- Claro que la hay – le dijo Emmett.
Y justo en ese momento, Bella iba a entrar a la habitación pero se quedó escuchando lo que Emmett y Rosalie decían.
- El otro día fui al pueblo disfrazado y me dieron esto – Emmett dijo sacando un pequeño frasco.
- ¿Qué es eso?
- Un veneno muy poderoso – respondió Emmett – y tú se lo darás a Edward.
Bella se tapó la boca para sofocar un grito. No podía ser cierto.
- ¿Cómo? – preguntó Rosalie.
- Ponlo en una botella de vino y déjasela a Edward en su mesa de noche – Emmett le respondió a Rosalie.
- Bien, lo haré – Bella oyó como se besaban – te amo.
- Te amo.
La puerta se abrió y Rosalie salió de ahí. Bella cerró la otra puerta silenciosamente y regresó a su habitación, las lágrimas corrían por sus mejillas pues no podía creer lo que acababa de oír.
Rosalie y Emmett intentarían matar a Edward y Bella debía hacer lo que estuviera a su mano para evitarlo, no importaba el precio, si ella debía tomar el vino para que Edward le creyera, lo haría.
Pero mientras todas estas intrigas eran planeadas, Jasper estaba en su habitación acostado en la cama con los brazos cruzados detrás de su nuca. Miraba el techo con gesto ausente y su mente volaba dispersa.
Toda su concentración se enfocaba en Alice, ya no podía dejar de pensar en ella, simplemente se había convertido en su mundo, su todo, ya no podía permanecer lejos de ella. No tenía la voluntad para estar lejos.
El poder, la riqueza, ya nada de eso importaba. Su corazón palpitaba fuertemente, sentía que su pecho no podría contenerlo. Quería reír, gritar, correr, saltar, gritar a los cuatro vientos que amaba a Alice.
"Díselo" una parte de su conciencia lo apuraba. Y por primera vez en mucho tiempo, siguió la orden que su corazón le dictaba.
Alice ya estaba a punto de acostarse cuando llamaron a su puerta.
- Adelante – dijo en voz alta mientras comenzaba a cepillarse su cabello.
- Hola – la voz de Jasper la hizo voltear completamente atónita. – perdón, sé que es muy tarde pero quería hablar contigo.
- Claro – respondió Alice.
- ¿Te importaría si saliéramos al jardín?
- No, por supuesto que no
Alice se puso una bata y ambos salieron silenciosos del castillo. Alice venía caminando del brazo de Jasper y se enfocaba en controlar su respiración y su agitado corazón. ¿A qué la sacaría Jasper tan tarde? No quería ni imaginárselo.
Jasper caminaba al lado de Alice pensando en como decirle lo que había decidido, pero las palabras simplemente se escapaban.
Llegaron a una pequeña banca y Alice se sentó con Jasper a su lado.
- Bueno ¿y de qué quieres hablar que me tienes que sacar del palacio? – Alice intentó que su voz sonara lo más relajada posible - ¿cometiste algún asesinato? ¿Robaste las joyas de mi madre? ¿te…?
Alice ya no pudo seguir porque los labios de Jasper habían silenciado los suyos con un suave beso que la dejó completamente pasmada. Alice cerró los ojos y correspondió al beso rodeando el cuello de Jasper con los dos brazos.
Jasper sentó a Alice en su regazo sin separar por un momento sus labios de los de ella. Acarició sus cabellos y disfrutó sintiendo las manos de su princesa recargadas en su pecho.
Cuando terminaron el beso, Jasper tomó las manos de Alice entre las suyas, miró sus dedos entrelazados y deseó que sus almas estuvieras siempre igual de entrelazadas.
- Te amo Alice, eso es lo que quería decirte – Jasper le dijo a la princesa.
Ella no podía con la sorpresa y bajó la cabeza. Jasper la acunó contra su pecho y le acarició el cabello mientras reposaba su mejilla contra la cabeza de ella.
- No sé como pude dudarlo ni un instante, esa mañana, el día que intenté alejarme de ti, tu padre me dijo que estaba enamorado de ti y yo no quería creerlo, no podía creerlo así que intenté convencerme de que no te amaba – Jasper le contó – pero ese día que te fui a buscar y te encontré con la flecha clavada, creí que mi mundo se acabaría, esos dos días que estuviste inconsciente fueron un infierno para mí, no, no quería imaginar mi vida sin ti – Jasper alzó la cara de Alice – porque tú eres la luz de mi vida, el motivo por el cual yo quiero seguir viviendo – los ojos de Alice se llenaron de lágrimas – tú eres mi todo Alice, tú me enseñaste a reír, a llorar, me enseñaste a sentir, a amar. Me enseñaste que lo más valioso que tenemos es el amor, no el poder ni las riquezas. Tú eres mi tesoro más preciado.
Alice no podía creer lo que Jasper le estaba diciendo y se echó a llorar en el hombro de él. Jasper se sorprendió por la reacción de su prometida, pero la mantuvo abrazada y la consoló por esos momentos.
- ¿Por qué lloras así Alice? – preguntó Jasper.
- Porque nadie jamás me había dicho unas palabras tan hermosas – ella respondió y él sonrió – y porque yo no merezco tu amor.
- ¿Por qué lo dices? ¿acaso tú asesinaste a alguien? – Jasper le dijo de broma.
- No, Jasper yo…yo…no tengo nada que ofrecerte – le dijo Alice desconsolada.
Jasper la abrazó aún más fuerte y la besó en la frente.
- ¿Me amas?
- Claro que te amo – le dijo ella mirándolo a los ojos.
- Entonces eso es lo más valioso que me puedes ofrecer: tu amor – Jasper besó sus labios suavemente – no puedo pedir nada más.
- Jasper hay algo que tengo que decirte y probablemente después de que te enteres ya no me amarás. – Jasper le puso un dedo en los labios.
- No habrá nada, nunca, que me haga dejar de amarte – Jasper le dijo seriamente – ahora dime lo que tengas que decirme.
- Yo…yo…yo ya no soy virgen Jasper – Ella le dijo muy avergonzada – perdí mi virginidad el día de la fiesta en el que las princesas españolas llegaron, yo bebí de más y…y no puedo recordar siquiera con quien me acosté.
Jasper no dijo nada y se sintió muy mal por la princesa, él sabía eso. Él había planeado esa mala experiencia por la que Alice pasó. Jasper hizo que ella lo mirara a los ojos.
- ¿no recuerdas nada, absolutamente nada? – le preguntó.
- No – mintió Alice.
- Alice, lo que sea que recuerdes, que nos pueda ayudar a descubrir quien fue, dilo – Jasper le pidió.
- Sólo…sólo recuerdo como…como besó…mi…mi cuello – respondió Alice entre sollozos.
El recuerdo llenó su cabeza, el hombre con el que se había acostado había besado su cuello con sólo sus labios, en línea recta hasta llegar a sus clavículas. Sólo eso podía recordar de aquella noche.
- ¿Cómo? – Jasper se inclinó sobre ella - ¿así?
Jasper comenzó a besar su cuello, exactamente como en su recuerdo.
- Yo fui el hombre con el que te acostaste esa noche Alice – Jasper la miró fijamente. – Al principio, deseaba romper mi compromiso contigo y entre Rosalie y yo ideamos el plan para que te emborracharas y te acostaras con cualquier tipo de la corte – Jasper le confesó a la princesa – pero, al verte esa noche, yo…yo no pude resistirme así que en vez de decirle a cualquier hombre de la corte que se acostara contigo, lo hice yo.
Alice no sabía si aliviarse o preocuparse por esa revelación. Estaba tan abrumada de sentimientos, palabras, confesiones, que en ese momento no podía pensar en nada. Jasper no dijo nada más y se quedó abrazándola todo el tiempo.
Cuando finalmente Alice se calmó, ella alzó su mirada para ver el rostro de Jasper. Le acarició la cara y él besó sus dedos cuando pasaron sobre sus labios.
- ¿Estás enojada conmigo?
- No, me siento mejor ahora que me dijiste la verdad – Alice respondió sinceramente - ¿en serio me amas?
Jasper la miró y se rió exultante.
- Claro que te amo, eres todo lo que me faltaba en esta vida – Jasper acarició sus mejillas – cuando montamos a caballo y cuando practicábamos con el arco tu alegría se volvía la mía, tu entusiasmo se volvía el mío, tu pasión por la vida, era la mía. Te amo mi pequeña y aventurera princesa.
Alice se acercó a los labios de Jasper y se besaron nuevamente.
- Yo también te amo Jasper – Alice lo abrazó y suspiró de dicha.
Cuando comenzó a enfriar ambos decidieron regresar al castillo. Caminaron de la mano hasta la habitación de ella. Una vez dentro, Alice abrazó a Jasper y lo atrajo hacia sí, besándolo y rodeando su cuello con los brazos.
- Alice…
- Bésame Jasper, bésame y hazme el amor como me lo hiciste aquella noche, sólo que ahora házmelo para que pueda recordarlo – Alice le pidió a su príncipe.
Y como siempre, Jasper hizo lo que su princesa le pedía.
Una vez que Bella se compuso de lo que acababa de oír, fue a la habitación de Jasper y la halló vacía. Bella se emocionó al pensar que él estaría con Alice, esperaría al día siguiente para subir a su habitación y preguntarle.
Fue a la habitación de Emmett, pero él ya estaba dormido. Y eso le agradó a Bella, pues no sabía cómo reaccionaría después de lo que acababa de oírle decir. Finalmente, respiró profundamente y fue hasta la habitación de Edward.
- Pasa Bella – oyó la voz del príncipe desde adentro, Bella abrió la puerta.
- Buenas Noches su alteza – saludó Bella.
- Para ti también – el príncipe estaba sentado leyendo, a Bella ya no se le hacía raro verlo leer, sabía que era una de sus pasiones.
- Se lo agradezco ¿se le ofrece algo su alteza? – preguntó Bella.
- Ahora que lo dices, sí, sí necesito algo – Edward le dijo cerrando su libro y poniéndose de pie.
- Dígame su alteza.
- Quiero que me llames por mi nombre, Edward.
Bella se sorprendió. Con Alice, había aceptado porque la pequeña princesa necesitaba una amiga y Bella se había convertido en eso. Pero con el príncipe Edward era otra historia. Ella simplemente no podría decirle así.
Edward le había dado varias vueltas al asunto, y recordó que cuando se acostaron, Bella había suspirado su nombre antes de sucumbir al sueño. Ahora recordaba con claridad ese momento y deseaba oír otra vez su nombre de los labios de ella. Quería oír sólo su nombre, no el título que lo acompañaba.
- Por favor Bella, creo que después de todo lo que hemos compartido – Edward comenzó y Bella lo miró con los ojos completamente abiertos – ya sabes, tus ideas, tus pensamientos, incluso los libros que hemos leído, creo que hemos llegado a ser amigos ¿no lo crees? Y si somos amigos, me gustaría que me llamaras Edward.
- Pero, su alteza yo
…- Edward la interrumpió.
- No eres simplemente una sirvienta Bella – él le dijo – para mí eres algo más y no quiero obligarte a que hagas lo que te estoy pidiendo, quiero que lo hagas porque deseas hacerlo.
Bella quería llorar, ¿su amigo? ¡su amigo! Por Dios, era el hombre por el que daría la vida. Ella lo miró a los ojos ¿se atrevería ella a llamarle Edward?
- Jamás me has obligado a hacer nada que yo no haya querido, Edward – Bella le dijo sinceramente – pero debes de comprender que para mí es difícil considerarte mi amigo, porque soy una sirvienta – Edward ya iba a protestarle pero ella lo detuvo – no intentes negar lo que es cierto, soy una simple sirvienta y los sirvientes no son amigos de la nobleza.
Bella se dio la vuelta porque ya las lágrimas iban a escaparse de sus ojos. "los príncipes no se enamoran de las sirvientas" pensó ella con amargura.
Edward pensó en lo que ella le había dicho "Jamás me has obligado a hacer nada que yo no haya querido" así que se había acostado con él, porque ella lo quiso también. "Los sirvientes no son amigos de la nobleza".
- Bella, tú eres más que una simple sirvienta – Edward le dijo antes de que ella entrara a su pequeña habitación – mucho más que eso – murmuró cuando ella ya no lo escuchaba.
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¡Hola chicas! ¿Qué tal el capítulo..?La verdad esta historia a mi me da mucha risa de los locos que son todos :)
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Los Reyes Cullen
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miércoles, 15 de septiembre de 2010
Los Reyes Cullen
6:24 | Publicado por
krlitalabeba |
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Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Dayan Hale.
Capítulo 12.
Edward despertó a la mañana siguiente, le dolía la cabeza horriblemente y estaba desnudo. Volteó al otro lado de la cama y miró el espacio vacío, aunque era obvio que alguien había dormido con él, aún estaba ahí el olor a fresas.
Para sorpresa de Edward los recuerdos de la noche pasada le llegaron rápidamente a su cabeza. Se había acostado con Bella, él no podía creerlo, se sentía muy mal pero a pesar de ello los recuerdos de esa noche se le hicieron de los mejores.
Recordó como Bella había respondido a sus besos, como lo acarició mientras él la besaba, recordó como se entregó a él sin oponer resistencia. Edward se sintió muy mal porque recordó también que Bella no había estado con ningún hombre y él le había quitado su virginidad estando borracho.
Y por alguna extraña razón, se sentía feliz por haber hecho el amor con Bella. En ese momento ella entró a la habitación con una bandeja con su desayuno. ¡esto no debía pasar! Aún no sabía lo que le iba a decir.
- Buenos días su alteza – lo saludó Bella como si nada hubiera sucedido.
- Buenos días Bella – saludó él a su vez.
- ¿Pasó una buena noche?
Así que Bella creía que él no recordaba nada, mejor aún él también actuaría como si no se acordara. Aunque había sido una buena noche, Edward estaba comprometido con Rosalie y él la amaba.
- Sí, gracias aunque me duele un poco la cabeza – le dijo Edward mientras le daba un trago a su jugo.
- Pues duerma otro rato, quizá así se sienta mejor – Bella evitaba la mirada del príncipe – con permiso.
Bella salió y fue a la habitación del príncipe Emmett, el príncipe estaba acostado y profundamente dormido. Pues claro, la noche con Rosalie lo debió de haber dejado exhausto.
Bella se preguntó lo que pasaría si Edward se enterara de que Rosalie mantenía una relación con su hermano menor. Ella sabía que él se destrozaría y ya temía ese día pues el príncipe sufriría mucho y ella daría todo por no verlo sufrir.
Fue a la habitación de Jasper, él ya no estaba en la cama y a Bella no le sorprendió para nada, seguro ya estaba con Alice. Hizo la habitación rápidamente y subió a la habitación de la princesa. Efectivamente Jasper estaba ahí acostado junto a Alice y la estaba ayudando a desayunar.
- Buenos días – saludó Bella entrando.
- Buenos días Bella – saludaron ambos príncipes.
- ¿Cómo se siente su alteza? – Bella le preguntó a Alice mientras le tocaba la frente.
- Mejor Bella gracias
- Me alegro mucho ¿pasó buena noche su alteza?
- Sí, Bella muchas gracias – respondió Jasper.
Pero así como Bella conocía a Alice, la princesa ya había aprendido poco a poco a conocer a la doncella e inmediatamente notó que algo le ocurría a Bella. Sabía que la muchacha no le diría nada si estaba Jasper ahí.
- ¿Jasper te importaría darme unos minutos? – le pidió Alice a Jasper – quiero arreglarme y salir a caminar a los jardines un poco – Jasper besó en la frente a la princesa.
- Claro, cuando estés lista avísame, no te voy a dejar ir sola – Jasper se levantó y se fue de la habitación.
Bella miró como Jasper salió de ahí y luego miró a la princesa.
- ¿Cómo van las cosas?
- No lo sé Bella, Jasper me trata como…no sé, no se separa de mí, me cuida y – la princesa suspiró – me confunde ¿sabes? Ya me dolió mucho ver como se alejaba de mí y no quiero experimentar eso de nuevo.
- Si me permites decirlo, jamás había visto a nadie tan preocupado como vi a Jasper el día que te encontró con la flecha – Bella le dijo a la princesa.
Bella la ayudó a levantarse y la sentó frente al tocador mientras cepillaba su cabello. Alice se quedó callada unos minutos, meditando lo que Bella le había dicho. Pero también analizó con profundidad las expresiones de la chica.
Sin duda Bella tenía algo, Alice podía intuirlo y si sus sospechas eran correctas, había pasado algo con su hermano.
- ¿Bella qué tienes?
- Nada Alice – respondió la chica rápidamente, pero Alice no se iba a dar por vencida, iba a obtener la respuesta que quería.
- Bella no puedes mentirme así que dime ¿qué te pasó? – Alice vio la duda en los ojos de la chica y aprovechó para sacarle la verdad – te prometo que no digo nada, pero cuéntame que te pasó.
Bella suspiró, no estaba bien lo que iba a decirle a la princesa, pero ellas ya se habían vuelto excelentes amigas y Bella dudaba que pudiera contarle lo vivido con Edward a otra persona.
- Anoche tu hermano estaba muy pasado de copas – comenzó Bella – lo fui a ver para preguntarle si no se le ofrecía nada y …
Bella se sonrojó y bajó la mirada avergonzada.
- ¡¿Te acostaste con Edward? – preguntó Alice sorprendida y Bella asintió.
- Yo…yo…no sé que me pasó, cuando comenzó a besarme yo simplemente no pude detenerlo – Bella le contó – pero Alice júrame que no vas a decir nada, Edward no recuerda que lo hizo y yo no quiero que se entere.
- ¿Por qué?
- Porque sé cuanto ama a Rosalie y también sé que podrían correrme por ello.
Ya no quedaba más por decir, Alice no quería que su amiga se fuera del castillo así que juró no decirle a nadie acerca de ello. Por lo menos ya se sentía menos mal, su hermano había cometido el mismo error que ella.
Mientras tanto Rosalie, Tanya y la reina caminaban por el jardín.
- Me alegra tanto tenerlas a las dos – Esme les dijo sonriendo – estoy seguro que mis hijos serán felices a su lado.
- Eso esperamos su majestad – dijo Rosalie por las dos y Tanya la miró con esa mirada de sospecha de la cual Rosalie comenzaba a cansarse.
- Sí, es para nosotras un honor que nos hayan elegido – Tanya replicó sonriendo.
Las tres se sentaron en una mesita y comenzaron a tomar el té. Un sirviente llegó pidiendo por la reina y ella se excusó, dejando a Tanya y a Rosalie solas.
- ¿Qué tal tu noche con Emmett? – preguntó Tanya maliciosamente.
- ¿Sigues con tus suposiciones, Tanya? – replicó agriamente Rosalie.
- No son suposiciones Rosalie, estoy segura de que tú y Emmett son amantes y los voy a descubrir – Tanya se levantó y lo mismo hizo Rosalie.
- No vas a encontrar nada Tanya – Rosalie le dijo y se fue hacia el castillo.
"Por supuesto que voy a encontrar las pruebas Rosalie, ten por seguro que lo haré" pensó Tanya.
Jasper fue a reunirse con Alice poco después de que Bella le avisara que la princesa lo esperaba. Jasper le tendió su brazo a la princesa para que se apoyara, caminaron lentamente por los jardines y Alice se sintió mucho mejor al aire libre, sin embargo estaba más débil de lo que quisiera admitir.
- Ven, vamos a que te sientes unos momentos – Jasper le dijo a la princesa
- ¿Cómo sabes que estoy cansada? – le preguntó Alice.
- Se te nota en la cara – le respondió el príncipe.
Los dos se sentaron en una mesa y él la abrazó. Alice no se quejó por ello pero sí le sorprendió.
- ¿Jasper?
- Dime
- ¿Por qué me tratas así?
- ¿Así cómo?
- Bueno es que antes del accidente, te volviste tan frío conmigo, casi no me hablabas y yo pensé que…- bajó la vista avergonzada – pensé que ya sentías algo por mí y ahora vuelves a tratarme como antes.
Jasper no sabía que responderle a la princesa. Sus sentimientos aún estaban muy revueltos y necesitaba ponerlos en orden antes de decirle cualquier cosa a la princesa.
- Alice…yo…yo tampoco sé que es lo que me sucede, pero quiero que me des tiempo, necesito tiempo para saber lo que hay dentro de mi corazón – le pidió él.
- Tienes todo el tiempo del mundo, sólo te pido que cuando llegue la hora, seas honesto conmigo – Alice le pidió y él la besó en la frente.
- Te lo prometo, mi princesa aventurera – le prometió Jasper a su prometida.
Y para Alice eso era suficiente.
Bella subió a la habitación de Edward, el príncipe ya se había levantado y ya no estaba ahí. Mientras Bella hacía la cama, su memoria repasaba la noche una y otra vez. Bella le había dicho al príncipe con su cuerpo, lo que nunca se atrevería a decirle con palabras.
Así fue que cuando terminó la cama, se fue a recoger la ropa del príncipe, la ropa que ella le había ayudado a quitarse la noche pasada. Bella se preguntó si algún día podría hacer la cama de esa habitación sin traer a su memoria esa noche.
- ojalá y no, no quiero perder esos hermosos recuerdos – se dijo a sí misma. – mientras más vivos, mejor.
Aquella tarde, todos comieron juntos en el comedor. Las cosas entre los presentes eran tan tensas que el ambiente se sentía pesado, nadie decía nada. Esme y Carlisle estaban enojados y no se hablaban desde la noche anterior; Jasper y Alice tenían aún una brecha enorme entre ellos, una brecha que podría desaparecer o hacerse imposible de vencer en un solo instante.
Entre Tanya, Emmett, Rosalie existía un triángulo amoroso y si Tanya descubría lo que había entre Emmett y Rosalie, ambos sabían que sería su perdición. Mientras que Edward aún seguía bastante dolido por las palabras que Emmett le había dicho la noche anterior. Y su mente estaba jugándole sucio, trayendo a su mente los recuerdos de la noche anterior con demasiada frecuencia.
Nadie dijo absolutamente nada. Pero el silencio se tenía que romper de alguna manera y vaya modo…Rosalie se desmayó y cayó de su silla.
- ¡Rosalie! – Edward se agachó a su lado.
Todos se levantaron de sus lugares y Edward cargó a su princesa y la llevó ha su habitación seguido de todos los presentes.
Rosalie se despertó mareada y no sabía donde estaba. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en su habitación.
- Rosalie, que bueno que despertaste – oyó la voz de su prometido a su lado.
- ¿Qué, qué me pasó? – preguntó la princesa sentándose lentamente.
- Te desmayaste cariño – respondió la reina que estaba sentada a su lado.
Rosalie miró a todos, estaban parados en media luna frente a su cama. Se volvió a sentir mareada y se acostó nuevamente. Edward le pasó una mano por las mejillas.
- Creo que mejor nos vamos – el rey aconsejó – no hay que abrumarla demasiado.
Poco a poco todos salieron, excepto Edward que se quedó a su lado.
- Edward ¿podrías dejarme sola? – pidió la princesa – creo que es el cansancio y quiero dormir un rato.
- Claro que sí Rosalie – Edward la besó en los labios dulcemente y salió de ahí.
Rosalie se quedó pensando en los motivos por los cuales podría haberse desmayado y sólo uno y el más peligroso se le venía a la mente. Varios minutos después de que Edward se fue, la puerta se abrió nuevamente y Emmett entró.
- ¿Cómo te sientes? – preguntó él sentándose a su lado.
- Mejor, algo mareada – respondió ella y él la besó apasionadamente. – Emmett, creo que estoy embarazada.
Emmett la miró sorprendido y Rosalie temió por lo él diría. Vaya sorpresa que se llevó cuando él sonrió y se inclinó a besar su cuello.
- Perfecto, ya tenemos un heredero al trono – Emmett siguió besándola y ella lo apartó.
- ¿Sólo eso te preocupa? ¿qué tengamos un heredero? – Rosalie lo miró furiosa y dolida.
- No, de hecho me gusta más la idea de que tu hijo tenga ojos grises y no verdes – Emmett la besó ardientemente y ella ya no pudo responderle nada más.
A pesar de las suposiciones de Rosalie, ella quiso esperar un poco más antes de confirmar si estaba embarazada o no. Pero si lo estuviera, ella y Emmett tendrían que actuar rápidamente.
Tres días pasaron con rapidez y esa tarde, llegó una carta de España. Una carta en la que lo reyes aceptaban el compromiso de su hija Tanya, con el príncipe Emmett. Esme mandó llamar a Tanya a su habitación.
- ¿Su majestad, deseaba verme? – Tanya entró a la habitación
- Sí, por favor siéntate cariño – Tanya obedeció – verás, tus padres acaban de escribir y pues ellos están de acuerdo con tu matrimonio con Emmett así que sólo falta la firma de mi hijo para que quede oficialmente anunciado.
Tanya no cabía en sí de gozo, sólo faltaba que ella pudiera encontrar a Rosalie y a Emmett juntos para que su plan funcionara. Los encontraría y obligaría a Emmett a firmar el compromiso.
Durante tres días, Edward había escrito las notas y las había dejado debajo de la jarra, pero las contestaciones de Bella no eran las mismas. Edward no se sentía bien con ello y la chica lo evitaba por completo. Aunque Edward la entendía, él se había acostado con ella, cuando ella esperaba poder encontrar a un hombre que la amara.
Lo que Edward no sabía era que Bella lo evitaba porque a ella le dolía verlo, no porque le hubiera quitado la virginidad, sino que le dolía verlo porque lo amaba y no podría decírselo, él no podía corresponderle, porque ella era una simple sirvienta.
Mientras que Jasper y Alice seguían con una relación al filo de la navaja. Alice intentaba proteger su pobre corazón, pero por más que lo intentaba, todos sus esfuerzos eran en vano, amaba a Jasper. Y sabía que él podría decirle que la amaba, pero también podría decirle que no. Eso a Alice la mataría por dentro.
Jasper seguía con sus debates internos y aún no llegaba a una decisión, ¿qué sería peor? Perder el poder, o perder a Alice. Su corazón decía que Alice era todo lo que él necesitaba para ser feliz, mientras que su mente le decía que el poder podría traerle ventajas de todo tipo, a lo único a lo que tenía que renunciar era a Alice.
Esa noche, decidiría muchas cosas.
Emmett y Rosalie estaban en la habitación de él, besándose. Rosalie estaba ya completamente segura de que estaba embarazada y Emmett no podía creer que eso lo llenara de tanta alegría. No sólo por saber que el padre era él, sino que en su mente se dibujó la imagen de él cargando a un pequeño bebé con dorados cabellos y ojos grises.
Esa simple idea hizo que su vida se estremeciera de emociones, emociones que de niño no había llegado a sentir y que entre los brazos de Rosalie había conocido. La ternura, la dulzura…el amor.
Por fin entendía que lo ataba a Rosalie, no era pasión, no era deseo, era el amor, porque ella lo aceptaba con todo y sus defectos, porque a ella no le importaba que él fuera el segundo hijo, porque ella quería ser reina con él como su rey. Rosalie sería reina con o sin él. Y el que ella quisiera ser reina con él como su rey lo hacía sentirse importante.
- Rose…te amo – Emmett susurró al oído de la princesa.
Rosalie no podía creer que esas palabras hubieran salido de los labios de Emmett, pero ahora que las oía, no podía evitar sentirse extasiada, emocionada y completamente enamorada.
- Yo también te amo Emmett, no importa lo que pase – Rosalie le dijo mirándolo a los ojos.
Se besaron como jamás lo habían hecho, con pasión, con ternura y con amor, todo combinado en un beso.
- Justo así los quería encontrar – Tanya estaba recargada en el marco de la puerta.
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¡Hola a todos! ¿Qué tal el capi? Intenso ¿no creen? Y el que viene bueno...mejor no les digo jejee. pues espero que les haya gustado el capítulo, les agradezco a todos usteedes por leer y por comentar :)
XOXO
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Los Reyes Cullen
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miércoles, 8 de septiembre de 2010
Los Reyes Cullen
9:07 | Publicado por
krlitalabeba |
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Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de Dayan Hale.
Capítulo 11.
El alivio que sintió Jasper en esos momentos no se podía describir, su princesa aventurera estaba por fin despierta. Esos dos días en los que estuvo inconsciente Jasper había creído que se volvería loco si no despertaba.
Alice se sentía de lo más adolorida, se sentía mareada y muy débil, pero la presencia de Jasper a su lado la reconfortaba. Se quedaron abrazados por unos incontables momentos. Jasper la mantenía cerca de su pecho y ella sólo podía acariciarlo suavemente.
- ¿Eres una princesa muy irracional lo sabías? – Jasper le dijo molesto y aliviado a la vez.
- Sí – Alice le sonrió.
- Y tú no cambias, sigues ignorando cada cosa que te digo – Jasper la besó en la frente y ella rió.
- ¿Qué diversión habría si te hiciera caso en todo momento? – ella le replicó alegre y Jasper la miró seriamente.
- Pudiste morir Alice – él le dijo.
- Pero no morí – Alice le acarició el rostro con las yemas de sus dedos – te preocupas demasiado.
Y Jasper no sabía si gritar o reír. Quería gritar porque Alice había corrido muchos riesgos y estuvo a punto de morir. Reír, porque su temeraria princesa tenía su sentido del humor intacto.
- ¿Jasper?
- Dime
- Tengo mucha hambre – se quejó riendo.
- Descuida, ahora veo que te traigan algo – Jasper le dio un beso en la frente y salió de la habitación.
Alice se quedó pensativa por unos instantes. Aún recordaba lo que había sucedido entre ella y Jasper. Él había cambiado drásticamente de actitud con ella antes del accidente y ahora estaba actuando como…como si en realidad la amara.
Pero la verdad era que Alice ya no quería ilusionarse, la primera caída había sido dura y ella ya no estaba dispuesta a caerse de nuevo. Simplemente aceptaría que él ya no la quería y no se haría ilusiones sobre lo contrario.
Bella subió a la habitación de Alice para llevarle algo de comida al príncipe Jasper y otras toallas para Alice. Vaya sorpresa que se llevó al ver a la princesa ya despierta y completamente sola.
- ¡Alice! – Bella se emocionó mucho al ver a la princesita despierta.
- Hola Bella – saludó la princesa con una sonrisa.
- No sabes que gusto me da que ya estés bien – Bella se sentó junto a ella y le tocó la frente - ¿cómo te sientes?
- Cansada
- Me imagino
Bella le puso otra toalla fría en la cabeza y le ayudó a la princesa a comerse la sopa que le había llevado a Jasper. Alice se sentía bien estando con Bella y la chica estaba más que aliviada al verla tan bien.
Jasper regresó seguido de una chica que traía otra bandeja de comida. Alice lo miró y se rió.
- Creo que Bella te ganó – Alice le dijo a su príncipe.
- Sí, eso es lo que veo – Jasper la miró sonriendo.
La chica dejó la bandeja en una mesita y se llevó la que Bella había traído. Bella estaba recogiendo algunas cosas en el vestidor en ese momento.
Alice le abrió los brazos a Jasper y él se acercó lentamente a la cama y la abrazó cuidadosamente besándole la cabeza.
- No vuelvas a asustarme así tonta – le dijo a su oído – he estado como loco.
- No lo haré, te lo prometo – Alice besó su garganta y se quedaron un momento más abrazados.
- Hay que avisarles a todos que ya despertaste – Jasper le dijo a su princesa pero ella lo abrazó.
- No, no quiero que te vayas – Alice dijo haciendo berrinche y él rió.
- ¿Bella?
- ¿si, su alteza?
- ¿podrías avisar que Alice ya despertó?
- Claro que sí.
Bella salió de la habitación y fue a la del príncipe Edward. Tocó la puerta y abrió lentamente la puerta. Edward estaba acostado en la cama leyendo, absorto.
- ¿Su alteza? – Bella lo llamó tímidamente y Edward la miró.
- ¿Qué sucede Bella?
- Es que su hermana acaba de despertar
Edward suspiró aliviado, cerró su libro y se levantó de la cama. Desde que había decidido mejorar su relación con sus hermanos, lo que más le importaba era que Alice despertara.
- Es una alegría saberlo – Edward dijo – muchas gracias por avisarme Bella.
- ¿Desea que le avise a su padre?
- Por favor Bella, me gustaría verla lo más pronto posible.
Y Como siempre, Bella estaba dispuesta a complacer a su príncipe, fuera lo que fuera.
Primero fue a la habitación del príncipe Emmett. Él estaba escribiendo algo en una de sus libretas.
- ¿Príncipe Emmett?
- Hola Bella – la saludó el príncipe amablemente.
- Su alteza, su hermana acaba de despertar – Bella le informó al príncipe y él dejó la libreta y la pluma.
- Gracias por avisarme Bella – y salió rápidamente de ahí.
Finalmente, Bella fue a buscar al rey. Lo encontró en su estudio.
- Buenas tardes Bella – saludó él cortésmente.
- Buenas tardes su majestad – Bella hizo una reverencia
- ¿Dime qué puedo hacer por ti?
- Yo venía a informarle que la princesa Alice ya despertó.
El rey le agradeció y salió presuroso a ver a su hija. Alice estaba en la cama aún abrazada a Jasper cuando Edward entró. Ella le sonrió a su hermano.
- Hola Edward.
- Ay Alice, no nos vuelvas a asustar así enana – Edward la abrazó y le besó la sien.
Alice ciertamente se sorprendió, Edward no era muy propenso a tratarla con tanto cariño, pero ella amaba a su hermano por lo que lo abrazó de igual modo. Edward se sentía muy mal. Él había dejado a su hermana y ella lo recibía con los brazos abiertos, como si nada hubiera pasado entre ellos.
Jasper se levantó de la cama pero se quedó a un lado para concederles a Alice y a Edward un poco de intimidad.
- Lo lamento mucho Alice, lamento no haber estado junto a ti todos estos años – Edward se disculpó y Alice vio en los ojos de su hermano que en verdad lo sentía.
- Edward, eres mi hermano y te amo, pase lo que pase – Alice lo besó en la mejilla – no hay nada que perdonar hermano.
Edward la volvió a abrazar y Alice se recargó en el hombro de su hermano.
El siguiente en entrar fue Emmett. Vaya sorpresa que se llevó al ver a Alice y a Edward tan abrazados. Edward le dio un beso en la frente a Alice y se quitó para que Emmett también pudiera acercarse a su hermana menor.
- Mira nada más quien despertó – Emmett dijo y abrazó a su hermanita – Alice de veras que tú necesitas una escolta detrás de ti.
- No des ideas Emmett – ella le dijo mirando a Jasper y le dio un beso a su hermano en la mejilla – te quiero
- Y yo a ti chaparra pero ya no nos des ese tipo de sustos – Emmett la soltó y se puso al lado de Edward sin mirarlo siquiera.
Carlisle fue el siguiente en entrar.
- Papá
- Ay hija, ¿pero qué vamos a hacer contigo? – Carlisle la abrazó y la besó en la frente – tienes que encontrar otra manera de sacar toda esa energía que traes.
- Tiene demasiada energía para ser tan chiquita – le dijo Emmett de broma y los cinco rieron.
Tanya y Rosalie fueron las siguientes en llegar, las dos le desearon lo mejor a Alice y ella les dio las gracias. Pero Carlisle se inquietó ¿dónde estaba Esme? Emmett salió y Edward tras él.
- Emmett – llamó Edward a su hermano menor.
- ¿Qué quieres Edward? – le preguntó el príncipe cortante.
- Hermano…
- Mira ya te acordaste que soy tu hermano – Emmett le dijo con saña.
- Jamás se me ha olvidado – le dijo Edward y Emmett rió con amargura.
- Seguro, tú y mamá están tan preocupados por que tú seas rey que ni Alice ni yo existimos más en este mundo para ustedes – Emmett le dijo a su hermano.
Edward se quedó pensando, desde que era más chico podía darse cuenta de que él era el consentido de su madre y pues la verdad es que él no le había dado importancia. Pero era obvio que Emmett se había dado cuenta de esa preferencia y había crecido sabiendo que su madre prefería a su hermano mayor.
Emmett siempre había esperado a que su hermano mayor intercediera por él y por Alice, pero Edward nunca lo hizo.
- Emmett…
- Ya no importa Edward, yo ya no tengo hermano – Emmett se dio la vuelta y se fue.
Edward se quedó ahí, las palabras de Emmett le habían dolido más de lo que se pudo imaginar.
Mientras tanto, Carlisle fue a buscar a Esme y la encontró en su habitación arreglándose frente al espejo.
- Alice ya despertó – Carlisle le dijo a su esposa.
- Ah…que bueno – Esme dijo sin darle importancia al hecho.
- ¿Qué, que bueno? ¡¿Esme cómo puedes decir eso? ¡Alice es tu hija! – Carlisle ya no podía soportar que Esme no le hiciera caso a Emmett y a Alice.
- Tranquilo querido, ya iré a verla más tarde – Esme no parecía nada alterada.
- No puedo creerlo Esme, de verdad no puedo creerlo – dicho esto, Carlisle salió de la habitación.
Por la noche Bella subió a dejarle unas cuantas cosas a Alice antes de irse a su habitación a acostarse.
- Que sigas mejor Alice
- Bella gracias por haberme salvado – Jasper le había contado a Alice que Bella había sido la que le había quitado la flecha del hombro.
- Me da gusto que estés bien – Bella le dijo y se fue a su habitación.
Primero fue a la habitación de Jasper, tocó la puerta y entró.
- ¿Se le ofrece algo su alteza?
- Nada Bella gracias – Jasper ya estaba acostado y estaba leyendo.
Bella notó el cambio que había ocurrido en él, estaba más tranquilo y más relajado desde que Alice despertó.
Seguidamente fue a la habitación de Emmett, pero él ya no estaba ahí. Bella ya se lo imaginaba en la cama de Rosalie. Y efectivamente, ahí era donde estaba el príncipe en esos momentos.
Y finalmente, fue a la habitación del príncipe Edward. Y vaya sorpresa que se encontró ahí. El príncipe estaba sentado frente a la ventada y había dos botellas de vino vacías a sus pies.
- ¿Príncipe Edward?
El príncipe volteó a ver a Bella.
- ¿Sabes? Emmett me dijo que ya no tenía hermano
- Lo siento mucho su alteza – Bella agachó la cabeza
- Sí, yo también – Edward se levantó y caminó hasta ella – pero ¿sabes? Eres una chica muy hermosa
- Príncipe Edward, creo que lo mejor es que ya se duerma – Bella le aconsejó al príncipe.
Pero Edward no le hizo caso sino que la abrazó y la besó. Bella no entendía, quería soltarse porque sabía que el príncipe estaba borracho, pero no quería, quería seguir sintiendo sus labios en los de ella.
Edward la acostó en la cama y ella se puso demasiado nerviosa.
- Príncipe Edward – Bella le dijo intentando apartarlo mientras él besaba su cuello y comenzaba a desprenderla de su vestido - príncipe… - él le tapó la boca con una mano.
- Sólo soy Edward – y dicho esto volvió a besarla.
Temprano por la mañana Bella se despertó y no lo hizo en su pequeño colchón, sino que lo hizo en la enorme cama del príncipe Edward. Se sentó en la cama y miró a su lado, el príncipe estaba profundamente dormido.
Bella no podía creer que lo había hecho, había dejado que el príncipe Edward la besara, la acariciara, la hiciera suya.
- Eres una tonta Isabella – se dijo a sí misma.
Tomó su ropa, se vistió y entró llorando a su pequeña habitación. Había perdido su virginidad, se la había ofrecido al hombre al que amaba, pero probablemente él no recordaría lo sucedido aquella noche.
Aquella noche en la que Bella se había entregado en cuerpo y alma al príncipe Edward. Se había entregado a sus embriagadores besos, a sus adictivas caricias, a su suave manera de hacerle el amor.
Se miró en su pequeño espejo, su cabello estaba hecho un desorden, sus labios estaban rojos e hinchados y por más dura que se mostraba consigo misma, no podía negar que se sentía más completa que nunca.
Recordó como el príncipe, a pesar de estar borracho, la había tratado con delicadeza, con suavidad, con ternura. Una parte de sí misma le decía que sólo por eso se había entregado al príncipe. Recordó como sus manos acariciaron aquel cuerpo tan masculino y hermoso. Como cuando la besó, Edward entrelazó sus manos con las de ella a ambos lados se sus cuerpos.
Esa noche Bella había sido la amante del príncipe, aunque él no lo recordara. Bella lloró, porque jamás podría volver a vivir esa experiencia.
- No importa que él no lo recuerde, fue mi primer hombre – se dijo a sí misma – y por una noche me amó.
Y fueron esas palabras las que animaron a Bella a seguir con su día.
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¡Hola a todas! ¿Les gustó el cap? fuerte lo que le dijo Emmett a Edward ¿no? Y lo de Bella y Edward ¿se irá a acordar Edward de lo que hizo? los dejaré con esa duda y aparte, les traigo un adelanto del próximo cap.
Varios minutos después de que Edward se fue, la puerta se abrió nuevamente y Emmett entró.
- ¿Cómo te sientes? – preguntó él sentándose a su lado.
- Mejor, algo mareada – respondió ella y él la besó apasionadamente. – Emmett, creo que estoy embarazada.
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